Ángela Romero: la mujer que encontró en la vida silvestre una forma de servir

Ángela Patricia Romero Rodríguez se describe como una mujer feliz, alegre, dedicada y responsable. Habla con convicción, sonríe con facilidad y transmite la energía de alguien que disfruta profundamente lo que hace. Detrás de su cargo como subdirectora de Flora y Fauna Silvestre de la Secretaría Distrital de Ambiente hay una historia construida a partir de la disciplina, la vocación de servicio y un profundo amor por la naturaleza.
Bogotana de nacimiento, Ángela creció en una familia capitalina, aunque reconoce algunas raíces boyacenses y santandereanas que han llegado hasta ella, a través de las historias familiares. Estudió Biología en la Universidad de El Bosque, realizó una especialización en Gerencia de Proyectos en la misma institución y posteriormente cursó una maestría en Gestión Ambiental en la Pontificia Universidad Javeriana.
Sin embargo, su camino profesional no siempre estuvo definido. Durante algún tiempo soñó con estudiar Medicina. La genética forense despertaba toda su curiosidad y parecía ser el destino que quería seguir. Pero a medida que avanzaba en ese proceso, descubrió que la Biología le ofrecía un universo mucho más amplio.
"Me enamoré de la vida silvestre, de los ecosistemas y de la posibilidad de generar impacto a través de la gestión", afirma.
Con el tiempo entendió que lo que realmente la motivaba no era únicamente la investigación, sino liderar equipos, trabajar con personas y construir soluciones que trascendieran. Fue así como orientó su carrera hacia la gestión ambiental y la gerencia de proyectos, áreas en las que hoy acumula más de 15 años de experiencia en autoridades ambientales.
A sus 40 años, Ángela combina su vida profesional con una faceta personal que también refleja su amor por los seres vivos. Comparte su hogar con su esposo, Juan Carlos, y cuatro perritas: Sasha, Roka, Mía y Tyara. Entre risas reconoce que la familia es numerosa, pero que no lo cambiaría por nada.

Los viajes por el mundo son otra de sus grandes pasiones. Junto a su esposo ha recorrido distintos lugares del mundo, más de 30 países, siempre con la curiosidad de conocer nuevas culturas. Entre sus experiencias más memorables destaca un recorrido por Jordania, Egipto, Grecia y Turquía, donde pudo admirar lugares históricos como Petra y las pirámides.
Pero si hay un tema que realmente le apasiona, es la biodiversidad.
Cuando habla de fauna silvestre, su voz cambia de tono. Se vuelve más cercana, más emotiva. Para ella, los animales simbolizan una de las expresiones más maravillosas de la vida.
"La vida silvestre es la representación de la obra de Dios en el mundo", asegura.
Entre todas las especies, siente una fascinación especial por los felinos y, particularmente, por los tigrillos. No duda cuando se le pregunta con cuál animal se identifica.
"Son ágiles, inteligentes, audaces e imponentes. Creo que tengo mucho de eso", dice.
Y si tuviera que compararse con una especie de flora, elegiría una orquídea.
"Porque son hermosas y siento que soy una mujer bella por dentro y por fuera", responde con naturalidad.
Ser subdirectora de Flora y Fauna Silvestre representa para ella un orgullo, pero también una enorme responsabilidad. Lidera un equipo de más de 45 personas y reconoce que el trabajo rara vez se limita a una jornada convencional.
"Somos 24/7. La fauna silvestre no entiende de horarios. Las emergencias ocurren cualquier día y a cualquier hora", explica.

Por eso suele definir a su equipo como un grupo de superhéroes y guardianes. Son las personas que atienden rescates, enfrentan el tráfico ilegal de especies de flora y fauna silvestre, rehabilitan animales y trabajan para conservar la biodiversidad de la ciudad.
Y precisamente allí nacen algunas de las historias que más la han marcado.
Una de ellas ocurrió recientemente con un tigrillo que ingresó al Centro de Atención y Valoración de Fauna Silvestre en condiciones complejas. Contra muchos pronósticos, el animal logró recuperarse poco a poco y va en un camino muy positivo para en un futuro lograr su retorno a su hábitat natural.
Mientras celebraban esa noticia, llegó un reporte inesperado: otro tigrillo había aparecido en un jardín infantil de Suba. La respuesta fue inmediata, como un escuadrón del SWAT.
Durante horas, Ángela y su equipo coordinaron el operativo de rescate, contactaron aliados nacionales e internacionales y permanecieron en terreno hasta altas horas de la madrugada.
"Nos dividimos por turnos y seguimos monitoreando. A las cuatro de la mañana recibí la llamada: Habemus tigrillo, lo logramos", recuerda.
No solo porque consiguieron rescatar al animal, sino porque ese episodio reflejó la esencia del trabajo que realizan todos los días: proteger la vida silvestre y responder cuando la ciudadanía los necesita.
Algo similar ocurrió con una de las primeras grandes incautaciones de madera ilegal que lideró junto a su equipo. Fueron jornadas enteras de trabajo en campo, desde la madrugada, coordinando acciones con diferentes entidades más de 45 personas y garantizando que el procedimiento se desarrollará correctamente.
"Muchas veces vemos los procesos en un documento, pero cuando estás en territorio entendemos realmente lo que significa ejercer la autoridad ambiental", señala.
A pesar de los retos, nunca pierde de vista el propósito de su trabajo.
Por eso insiste en la importancia de generar cultura ciudadana y comprender que la vida silvestre pertenece a los ecosistemas y no a los hogares, y que el uso sostenible es posible cuando se cumple la norma, por ejemplo, en la industria de la madera.
"La fauna tiene que estar libre, donde pertenece. No en una jaula ni como mascota y la flora pertenece a los bosques", afirma.

Cuando piensa en el futuro, se imagina viviendo en una casa campestre, rodeada de naturaleza, compartiendo tiempo con su esposo y sus animales. Sueña con una piscina, una cancha de tenis y la tranquilidad de saber que sigue aportando al país desde cualquier escenario donde la vida la lleve.
"Me veo trabajando por Colombia, donde Dios quiera ponerme", asegura.
Antes de terminar la conversación, comparte una reflexión que resume buena parte de su forma de entender la vida.
"Los sueños sí se cumplen. La palabra tiene poder. Si piensas bonito y trabajas por lo que quieres, las cosas llegan".
Quizás por eso su historia está llena de metas alcanzadas, de aprendizajes y de nuevas cosas por descubrir.
Porque detrás de la subdirectora hay una mujer que sigue creyendo en los sueños, que encuentra inspiración en la naturaleza y que todos los días trabaja para proteger una de las mayores riquezas de Bogotá: su biodiversidad.
Por personas como Ángela, nos sentimos orgullosos de nuestra gente.
