Con pinceles y acuarelas, Verónica Martínez protege la biodiversidad

 

Verónica Cruz exhibe sus mugs en los que se plasman la biodiversidad de aves de Bogotá

Actualmente, Verónica está trabajando en un proyecto para ilustrar 180 especies. Foto: cortesía.

Bogotá, 30 de noviembre de 2021. (@AmbienteBogota). Verónica Martínez no duda del poder que tiene el arte para fomentar el cambio y promover una mejor relación de los seres humanos con la naturaleza. Acuarelas, pinceles, lápices, plumillas, tinta y mucha curiosidad han sido sus principales herramientas para generar conciencia sobre la biodiversidad de Colombia y, especialmente, la de la ciudad.

Tinguas, copetones, búhos, patos, gavilanes, águilas, libélulas y alcaravanes son parte de las más de 80 especies que esta mujer, nacida en Bogotá, ha ilustrado desde 2014, cuando empezó a adentrarse en el mágico mundo de los colores. 

"Dentro de mi romanticismo consideré que el arte es un puente comunicativo de todo tipo de información, es disruptivo totalmente. Creo que el lenguaje es mucho más sencillo con arte", expresa.

A través de sus ilustraciones, Verónica busca brindar conocimiento sobre la riqueza de la fauna nacional y, así, propender por su cuidado y preservación. Por esta razón, en cada artículo que pinta escribe siempre el nombre científico y común de la especie.

Para ella, no solo se trata de 'la belleza de una pieza, sino del mensaje que trae', porque considera que 'el arte que no incluye un mensaje solo es algo que no genera ningún impacto en las personas ni tiene un valor significativo'.

 

 

Verónica ha realizado doce exhibiciones en diferentes espacios de Colombia a lo largo de estos años. La primera colección se la dedicó a las aves de Bogotá y, para ese momento, dibujó 39 especies, entre las que se encontraban cinco tinguas.

Una de las ilustraciones más especiales que ha hecho es la del gavilán maromero o Espíritu Santo, ave a la que ella llama "el guardián de la reserva", porque que cada vez que participa en jornadas de plantación con el colectivo Sembradores Van der Hammen, al que pertenece hace cuatro años, este animal siempre aparece. "Es como si nos dijera que podemos seguir. Es espectacular verlo cazar y, además, es muy bonito", dice.

También le gustan mucho los colibríes, los copetones y, en especial, las rapaces. De hecho, admira profundamente la grandeza e imponencia del águila arpía, ave nacional de Panamá y de la Fuerza Aérea colombiana.

Colibrí

El gavilán maromero se puede observar en humedales, zonas cercanas a los Cerros Orientales con vegetación y áreas aledañas a cuerpos de agua. Foto: cortesía

Aunque Verónica estudió Gastronomía, siempre se ha dedicado al arte y, actualmente, está formándose como docente en Educación artística. Su cercanía con el humedal La Conejera, la curiosidad por aprender acerca del comportamiento de las aves, su experiencia en la defensa del territorio en Suba y la influencia de su padre -reconocido caricaturista del periódico El Espectador-, se han convertido en la principal fuente de inspiración para el desarrollo de su obra.

"Duré 15 años viviendo al lado del humedal La Conejera. Es inevitable no sentirse abrumado con un territorio tan espectacular. Los humedales son una cosa mágica y hermosa, son úteros sagrados, fuentes de vida", expresa.

Además, cuenta con el apoyo de ornitólogos y biólogos a quienes consulta habitualmente para tener certeza sobre el conocimiento que divulga a través de sus obras.

Así, con cada pincelada, Verónica Martínez contribuye a la conservación de la biodiversidad y llena de color la vida de muchas personas. 

 

 

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Dora Villalobos, la protectora del humedal La Vaca

Dora Villalobos cuidadora del Humedal La Vaca

Dora Villalobos nació en Panua (Boyacá) y llegó a Bogotá en los 90. Foto: Comunicaciones de la Secretaría de Ambiente.

Bogotá, 30 de octubre de 2021. (@AmbienteBogota). Hablar del humedal La Vaca sin mencionar a Dora Villalobos es imposible. Gran parte de la recuperación de este ecosistema, ubicado en la localidad de Kennedy, se debe a su esfuerzo y el de todas las personas que ha encontrado en el camino para llevar a cabo este proceso.

Para ella, este humedal es como un hijo: "Lo he visto salir de las entrañas de la tierra, crecer, está hermoso, cada día se hace más profesional, muestra su elegancia, el potencial que tiene y con él, sigo de la mano", dice sonriente y con orgullo. ¡Y no es para menos!, Dora conoció este lugar en los años 90 y desde entonces no se ha separado de él.

Sin embargo, su primer acercamiento con La Vaca y en general con los humedales es producto de un triste suceso. En esa época ella vivía con su esposo y sus hijos en Panua (Boyacá), un municipio que no solo se caracteriza por su riqueza ecológica, sino por las esmeraldas, hasta que por presión de grupos armados al margen de la ley tuvieron que salir desplazados para Bogotá.

En ese lugar, Dora tenía una tienda y su compañero trabajaba como aserrador, es decir, tumbaba monte para los cultivos y el ganado. "Cómo es de irónica la vida, a él lo contrataban para tumbar árboles y hoy es el mayor defensor del medioambiente, el hombre que ha sembrado más árboles en la ciudad", cuenta.

Cuando llegaron a Bogotá, empezaron a buscar un lote para construir una vivienda y, así, empezar una nueva vida. Rápidamente encontraron uno en Kennedy, pero luego de un tiempo se llevaron esta sorpresa: junto con otras familias habían sido engañados y levantaron sus casas sobre lo que era un humedal, exactamente en lo que hoy se conoce como La Vaca.

Así fue como ella escuchó por primera vez la palabra 'humedal' y todo lo que representa. En ese momento se empezó a interesar por los temas ambientales y comenzó a liderar mesas de trabajo con sus vecinos, los líderes comunales y las entidades distritales para buscar un reasentamiento integral para las familias afectadas y la recuperación del ecosistema.

Mediante el Acuerdo 035 del Concejo de Bogotá, emitido en noviembre de 1999, el ecosistema fue dividido en dos sectores independientes (norte y sur). Además, se definió que era posible recuperar cerca de ocho hectáreas.

"Nació una luz de esperanza, y todos los esfuerzos se encaminaron a recuperar esa pequeña parte", rememora Dora. Así, comenzó a trabajar con sus vecinos y las entidades públicas en el rescate, preservación y recuperación del humedal La Vaca. Uno de los primeros pasos fue retirar los escombros y residuos que habían provocado su desaparición.

Este fue el punto de partida de la Fundación Grupo Banco de Semillas, una organización que comenzó con Dora y otras 11 mujeres para realizar las actividades ambientales necesarias para devolverle la vitalidad al humedal. Entre estas se destaca el rescate de semillas de plantas propias del ecosistema, mediante la recolección de muestras de lodo en distintas zonas, y la construcción de un vivero para conservarlas.

Como parte de esta iniciativa también nació Guardianes del Agua, que tiene como objetivo promover la educación en niños, jóvenes y adultos por medio de su vinculación a actividades de voluntariado ambiental. Hoy, no solo se dedican a cuidar el humedal, sino a aprender sobre temas claves como la separación en la fuente y la transformación de residuos orgánicos en abono.

"Esto no se logra solo, esto es un colectivo. Hemos hecho este trabajo con mi esposo, que siempre está de la mano conmigo, mis hijos, nietos, las mujeres, los jóvenes y las entidades. Todos debemos entender que tenemos una gran responsabilidad con el ambiente, nuestra casa común", concluye Dora, quien sigue liderando la fundación y trabaja como intérprete en el humedal.

La Vaca es uno de los 15 humedales de Bogotá y cuenta con una extensión de 7,98 hectáreas entre el sector norte y sur. Actualmente, es uno de los ecosistemas con mayor empoderamiento de la comunidad y donde se pueden apreciar diferentes especies de flora y fauna.

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La música como bandera para el cuidado del planeta

Tatiana Samper cantando

Tatiana Samper es una de las vocalistas del grupo Colectivo Animal. Foto: cortesía.

Bogotá, 30 de septiembre de 2021. (@AmbienteBogota). 'Déjate llamar por la caracola, déjate llamar por la luz del sol' son los primeros versos de una de las canciones compuestas e interpretadas por Tatiana Samper, al ritmo de una cumbia andina, para generar conciencia sobre el amor y el cuidado del planeta.

A través de la música y la literatura, esta bogotana se ha encargado de llevar educación ambiental a los niños y sus familias, con el objetivo de encontrar formas más armónicas de vivir en la Tierra y relacionarse con los seres vivos y los recursos naturales.

"Creo profundamente en el arte como una hermosa y sagrada manera de llevar mensajes para sensibilizar a las personas y conectarnos con la vida desde un lugar más emocional y afectivo", dice con convicción Tatiana.

Junto con Camila Rivera y Daniel Roa, ella integra Colectivo Animal, un grupo dedicado a producir música y otros contenidos pedagógicos para niños, enfocados especialmente en la protección del medioambiente. 

A la fecha, el colectivo creativo ha lanzado dos discos cuyos protagonistas son los animales: Un bosque encantado, en el 2011, y Un bosque encantado 2, en el 2017, que fue nominado al año siguiente a los Latin Grammy. Para Tatiana esta fue una experiencia única y una 'gran respuesta de la academia a siete años de arduo trabajo'. 

Algunas de las canciones que conforman el repertorio musical de Colectivo Animal son Arañita tejedora, La risa del colibrí, Loro cantó, Amigo Grillito, La nutria sabedora, El abrazo del ciempiés, El zum zum de las abejas, La danza de los lobos y El rap del abuelo búho.

Tatiana cuenta que el grupo surgió con el propósito de entregar a los niños mensajes con valores a través de los animales como maestros. Pero ¡eso no es todo! Ella también ha dedicado una parte de su vida a trabajar como cantante solista y, en ese camino, ha grabado cerca de cinco canciones, entre las que se encuentra Hagamos las paces con la tierra, que presentó en 2019 en el marco del Foro Internacional por los Derechos de la Madre Tierra.

Además, es la autora del libro infantil Canto de la tierra, que busca conectar a sus pequeños lectores con el medioambiente. 

Foto: cortesía.

Una vocación de toda la vida

Tatiana siempre sintió que tenía una conexión con las plantas y los animales, y por eso estudió Biología. Antes de entrar en el mundo de la música, era profesora de esta ciencia en un colegio, y fue allí donde precisamente se dio cuenta de que podía combinar esta pasión con el arte.

"Soy una bióloga convencida de que escogí esta carrera porque amo la vida, siento una responsabilidad profunda de cuidar nuestra casa planetaria. En el arte encontré una manera de transmitir ese amor y juntar esa belleza de la Biología", expresa.

Cuando era profesora de un colegio ubicado en la vía a La Calera, Cundinamarca, comenzó a experimentar su método de enseñanza con la música. Así, empezó a enseñarles cantos con mensajes sobre el medioambiente a los niños y a trabajar en un proyecto personal llamado Volver al origen: la vida como punto de encuentro. Luego surgió la posibilidad de juntarse con Camila y Daniel con quien conforma, en sus palabras, 'la trilogía perfecta'.

Tatiana considera que 'estamos en un momento vital para cambiar nuestra manera de habitar la tierra porque tenemos que ser guardines de la vida para las generaciones futuras'. Para ella, la canción que define este sentir es La caracola.

 

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La fuerza ambiental de Carolina Mora para sensibilizar sobre el cuidado del planeta

Carolina Mora es ingeniera ambiental y la creadora de la fundación Fuerza Ambiental Colombia. Foto: cortesía.

Bogotá, 31 de agosto de 2021. (@Ambientebogota). Luego de trabajar por varios años como ingeniera ambiental en proyectos de desarrollo públicos y privados, Carolina Mora decidió darle un trascendental giro a su vida y generar un mayor impacto en la sociedad. Así fue como nació la fundación Fuerza Ambiental.
 
En 2009, la bogotana, de 42 años, empezó a trabajar con un par de amigos para crear esta iniciativa, que se reformó en 2018 y cuyo objetivo es contribuir al fomento de la cultura para el desarrollo sostenible mediante acciones de sensibilización y concientización ambiental.
 
"Llegó ese punto en mi vida en que me di cuenta de que quería aportar un poco más directamente al cuidado del planeta. De ahí surge la necesidad de crear la fundación. Nosotros buscamos una participación ciudadana en el mejoramiento ambiental", explica Carolina.
 
La fundación Fuerza Ambiental, que está ubicada en el kilómetro 5 de la vía a La Calera, se basa en cuatro estrategias para lograr este propósito. La primera está relacionada con acciones de educación y cultura sostenible. 
 
Aprovechando la cercanía a varias quebradas, entre estas las de Morací y San Antonio, la organización convoca a jornadas de limpieza y siembra, en articulación con entidades. A esto se suman los talleres de compostaje, manejo de residuos y cambio climático que dicta a diferentes públicos.
 
Otra de las estrategias que conforman la iniciativa de Carolina es la huerta comunitaria, que lidera en conjunto con Omaira Cifuentes, una mujer que también se destaca por su importante rol en el cuidado del territorio. 
 
"Se llama 'Abastecimiento local' porque para nosotras es fundamental que haya un cambio en el modelo de consumo y que se reduzcan las cadenas de producción y de distribución. Entre más distancia haya en el transporte de los alimentos habrá más consumo de combustibles fósiles", agrega la creadora de la fundación Fuerza Ambiental.
 
Para esto, rentaron una casa en la que cultivan aromáticas y hortalizas, a la vez que promueven la alimentación saludable y enseñan a sembrar, hacer compostaje y preparar insumos agroecológicos.
 
La tercera línea de la fundación es el mercado local, es decir, el apoyo a pequeños productores de bienes biodegradables y orgánicos a través de las redes sociales, la página web o la participación en ferias. 
 
Por último, Carolina, con su experticia y las personas que la acompañan en este propósito de vida, trabaja en ayudar a empresas medianas y establecimientos a implementar acciones ambientales.
 
Así es como esta mujer junta lo aprendido durante años en el sector de ingeniería con su pasión por los procesos comunitarios y, sobre todo, la gran preocupación que tiene por el cambio climático, para impulsar buenos hábitos en las personas que la rodean.
 
Ella considera que para motivar a las personas a cambiar sus hábitos es fundamental que estas primero conozcan las razones por las que deben hacerlo. "En toda la información a la que he podido acceder desde mi campo profesional está la crisis ambiental y, por eso, actuar es urgente. No podemos esperar cinco o diez años, sino que tenemos que hacerlo ahora. Yo busco divulgar eso para que la gente actúe en conciencia", agrega.
 
Solo entre marzo y agosto de este año, la Fundación ha capacitado a más de 290 ciudadanos en temas de interés ambiental. De igual manera, desde 2018 ha organizado alrededor de cinco jornadas de limpieza en las que han participado en promedio 15 personas por cada una. Esto, sin contar su influencia en la creación de nuevas huertas comunitarias en la zona.
Carolina Mora con su grupo de trabajo en la huerta.
 
Carolina cree firmemente en que no necesitamos un mejor planeta, sino mejores personas. Por esto, invita a los ciudadanos a hacer un cambio en el modelo de consumo y la forma de manejar los residuos, pero también, a unirse como voluntarias a su iniciativa, cuya información puede ser consultada en las redes sociales. 
 

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La transformación de La Perseverancia en Ecobarrio, uno de los objetivos de Diana Ayala

Diana Marcela Ayala

Bogotá, 31 de julio de 2021. (@AmbienteBogota). Transformar el territorio donde vive en un ecobarrio en el que se garantice la sostenibilidad alimentaria y prime la conciencia de los habitantes sobre el cuidado del planeta, es uno de los sueños que tiene Diana Marcela Ayala, bogotana de 34 años que lidera varios proyectos comunitarios en su zona.

Una de las iniciativas que impulsa esta mujer es Ecoperse, organización vinculada al Programa de Voluntariado Ambiental de Bogotá, cuyo objetivo es lograr que La Perseverancia, ubicado en la localidad de Santa Fe, sea un lugar que se caracterice por reducir sus impactos medioambientales a través de buenas prácticas agrícolas, manejo adecuado de residuos, economía solidaria y, sobre todo, por el sentimiento de pertenencia, trabajo en equipo y apoyo mutuo entre los vecinos.
 
"Lo mejor de La Perseverancia son las personas con su forma de ser, dadas al trabajo comunitario. Aquí todos queremos que nuestro barrio salga adelante y tenga mejoras", dice Diana.
 
De acuerdo con la Secretaría de Hábitat, en los ecobarrios las prácticas cotidianas de sus habitantes garantizan la sostenibilidad y promueven el sustento de las familias que los componen.
 
Para lograr consolidar La Perseverancia en un ecobarrio, Diana, junto con otras organizaciones socioambientales y el Distrito, está trabajando en un proyecto de intervención con el que se busca que la zona tenga jardines, huertas agroecológicas, paneles solares y espacios adecuados para la separación en la fuente y el manejo adecuado de residuos. 
 
"Ganamos un proyecto y estamos en el proceso para lograr que esto sea real. Una de las cosas que buscamos es la soberanía y seguridad alimentaria haciendo muchas huertas. Por ejemplo, nuestras pacas no son solo pacas sino huertas. Además, estamos trabajando con asociaciones de recicladores", explicó Diana, quien además es instructora de natación.
 
La bogotana también es la precursora de la Huerta Biocultural Umpyky-ty: el canto de tu corazón, que está ubicada en los alrededores del Parque Nacional Enrique Olaya Herrera. Por medio de esta iniciativa, promueve la alimentación sostenible, el trueque y la educación ambiental en los niños. 
 
Diana siempre ha vivido en La Perseverancia y desde que era una niña tiene una gran conciencia por la protección del planeta. De hecho, recuerda que cuando estaba en primaria le regalaron un CD con canciones ambientales que la hacían sentir 'muy feliz' cuando las escuchaba.
 
Hace un par de años vivió en una ecoaldea en Granada (Cundinamarca), donde adquirió diferentes conocimientos sobre agroecología, metodologías de educación alternativa y cine consciente, entre otros temas.
 
"La vida se encargó de guiarme. Yo creo que todas las personas tenemos la curiosidad de saber cuál es nuestra esencia natural. He estado en diferentes grupos. He aprendido de la madre Tierra, que es la que siempre está dispuesta a darnos. Estas acciones son una forma de contribuir a todo lo que nos entrega porque lo más importante es que seamos buenos hijos con ella", expresa Diana.
 
Para ella, sería ideal vivir en un mundo donde fuese normal cuidar el planeta, tener una conciencia ambiental innata, separar en la fuente, proteger los ecosistemas y respetar los animales y todas las formas de vida.
 

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Jasbleady Castañeda, una mujer que le pone el alma a la protección de las tinguas azules

Jasbleady Castañeda

Jasbleady Castañeda es la fundadora de 'SOS Tingua', una iniciativa de investigación y reorientación de tinguas azules en Bogotá. Foto: cortesía.

Bogotá, 29 de junio de 2021. (@AmbienteBogota).En todas las localidades de Bogotá existen mujeres que con sus ideas, liderazgo y acciones hacen aportes muy importantes a la conservación de la biodiversidad y el cuidado de los escenarios naturales. Esta es la historia de una de ellas:

Jasbleady Castañeda es una bogotana que vela por la protección y el reconocimiento de las tinguas azules. Estas coloridas aves, que aterrizan en Bogotá entre octubre y abril de cada año, representan media vida, como ella misma las describe. Son tan significativas en su existencia, que lleva a una en su piel y lidera una iniciativa de investigación y educación ambiental en su honor.

¿¡Tengo hasta tatuada una tingua! Me encantan. Son media vida para mí, y la gente lo sabe. Me gusta que se interesen por esta especie y los humedales de Bogotá¿, narra con orgullo.

Esta mujer es licenciada en Biología y desde hace ocho años viene liderando la iniciativa 'SOS Tingua', un proyecto comunitario y de ciencia ciudadana que nació para contribuir a la protección de esta especie en época migratoria y sensibilizar a las personas sobre los cuidados inmediatos que pueden brindarles -en caso de encontrarlas en riesgo- y las rutas de atención que existen para ellas en la ciudad.

A través de esta iniciativa, esta bogotana y un equipo de voluntarios brindan información a los ciudadanos acerca de las características de las tinguas azules y la forma en que pueden ayudarlas a continuar su camino migratorio. Por ejemplo, una de sus indicaciones es comunicarse con los canales de atención dispuestos por la Secretaría de Ambiente.

Entre octubre y abril, Bogotá se convierte en el hogar de paso de miles de tinguas azules que, tras sus largos viajes, llegan en busca de refugio y alimento. Iniciativas como la de Jasbleady se convierten en un apoyo fundamental para la misionalidad de la autoridad ambiental en temporada migratoria y, sobre todo, en un actor clave para el feliz tránsito de las aves.

Sin embargo, la labor de esta mujer no solo se limita a la época migratoria ni a las tinguas azules. A lo largo del año, realiza actividades de educación ambiental con niños y adultos en todas las localidades de Bogotá para contextualizarlos sobre esta especie y los humedales.

Para ella, es esencial permitir que las personas conozcan estos ecosistemas, se apropien, entiendan que son parte de su vida y sepan qué hacer si se encuentran con un ave o cualquier animal silvestre desubicado o en riesgo.

"Me considero una mujer cuidadora de humedales. El proceso que he venido realizando hace parte de mi aporte para que la gente conozca los humedales. A veces creo que las tinguas son una excusa para lograr esto, porque cuando ellas llegan a la casa de alguien, son como un mensajito para mostrarle a alguien que existen dichos ecosistemas",cuenta.

Un vínculo de toda la vida

La naturaleza y la conciencia por el cuidado del ambiente siempre han estado presentes en la vida de Jasbleady. Creció entre las localidades de Ciudad Bolívar y Tunjuelito, donde residían sus padres y abuelos. De ahí el vínculo tan importante que ha construido con el río Tunjuelo.

De hecho, rememora que allá inició su historia con los humedales y también hizo la primera liberación de una tingua azul, ave a la que conoció por casualidad: una amiga la llamó porque en el techo de su casa había una atrapada; ella recurrió a su llamado y la auxilió.

Uno de los sueños que tiene esta bogotana es llegar a más ciudadanos que repliquen el mensaje. Desde que creó la iniciativa, ha asesorado a 4.000 personas, aproximadamente, en la atención de las tinguas azules, algo que la hace sentir muy feliz.

"Es un proceso de educación ambiental maravilloso, creado a partir de una red ciudadana. Lo que más orgullosa me pone es ver el empoderamiento de la gente para hablar de esa especie", explica.

A quienes leen su historia los invita a conocer los humedales de la ciudad, apropiarse de ellos y darse la oportunidad de contemplar la belleza de las tinguas azules en época migratoria porque, dice, es el ave más colorida que llega a Bogotá.

Tingua azul

 

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Viviana Saavedra y su carrera por el planeta

Viviana Saavedra

Viviana Saavedra es la fundadora de la iniciativa Plogging Colombia. Foto: cortesía.

  • Plogging Colombia es una iniciativa que reúne a runners para hacer recoger y separar residuos.
Bogotá, 31 de mayo de 2020. (@AmbienteBogota). Correr, recoger residuos y separarlos al mismo tiempo parece algo bastante difícil de realizar, pero Viviana Saavedra ha demostrado que esto es posible y, además, tiene grandes beneficios para la salud de las personas y el planeta.
 
La bogotana de 28 años es la fundadora de Plogging Colombia, una iniciativa de voluntariado que reúne a personas con gusto por el running para que no solo ejerciten su cuerpo y mente, sino que limpien las calles y montañas, y separen residuos adecuadamente, a medida que corren.
 
"Antes de iniciar un recorrido, hablamos de la problemática ambiental y lo que podemos hacer para que eso no siga ocurriendo. Luego realizamos un calentamiento y empezamos a movernos, porque creemos que el primer territorio que debemos cuidar es nuestro cuerpo -no solo lo físico, sino la mente y las emociones- para poder cuidar a los demás. A partir de eso, comenzamos a trotar y, cuando identificamos el punto crítico paramos, recogemos residuos en un tiempo determinado y vamos separando en la bolsa blanca y negra. Al final, estiramos, pesamos lo que recogimos y entregamos los elementos aprovechables a los recicladores", explica Viviana.
 
El plogging es una tendencia mundial que comenzó en Suecia hace un par de años y, debido a la preocupación de las personas por la contaminación de los residuos, se ha extendido a otros países, entre estos Colombia, gracias a ideas como a la que instauró Viviana en Bogotá.
 
La historia de esta mujer con el plogging surgió por curiosidad. Ella conoció la práctica en 2018 y a partir de ese momento empezó a trotar y reunir amigos para hacer lo mismo y, al tiempo, recoger residuos. Fue así como en mayo de ese año, organizó el primer plogging en Bogotá, en la zona del centro, donde cerca de 25 personas salieron a correr y limpiar las calles.
 
Viviana cuenta que, al principio, solo se dedicaban a recoger basura, pero con el paso del tiempo y los aprendizajes comprendió la importancia de hacer el debido proceso de separación, que no solo beneficia al ambiente, sino a los recicladores, que pueden darles una nueva vida a elementos como el cartón, las botellas PET o el vidrio.
 
La iniciativa fundada por esta mujer, que también es realizadora audiovisual, ha crecido a pasos de gigante desde sus inicios. A la fecha, ha realizado 23 jornadas en las que han participado más de 600 voluntarios y se han recolectado 1.700 kilos de residuos no aprovechables y 600 aprovechables.
 
En febrero de 2021, Plogging Colombia llegó hasta Santa Marta. En este lugar, Viviana y sus dos compañeros de equipo, Miguel Morales y Carolina López, vieron la necesidad de realizar acciones para gestionar adecuadamente los residuos y, de esta manera, evitar que lleguen al océano.
 
"El mar es uno de los ecosistemas que desde la ciudad impactamos directamente. Por eso, desde aquí generamos esos espacios para que evitar que los residuos empiecen su camino y posiblemente terminen allá", agrega Viviana.
 
A medida que van corriendo, los voluntarios de Plogging Colombia recogen residuos y los separan en bolsas negras o blancas, según sus características.

A medida que van corriendo, los voluntarios de Plogging Colombia recogen residuos y los separan en bolsas negras o blancas, según sus características. Foto: cortesía.

Este año, Plogging Colombia también empezó a formar parte de las 42 iniciativas que actualmente conforman el Programa de Voluntariado Ambiental del Distrito, un espacio que, para ella, es maravilloso porque le permite juntar esfuerzos y articularse con otras organizaciones para hacer más cosas.
 
¿Si empezamos a hacer algo y nos unimos, podemos lograr cambios significativos que nos permitan vivir en armonía con la naturaleza¿, concluye.
 
Sin duda, a través de esta idea, que une su pasión por el movimiento y el cuidado del ambiente, Viviana cuida su salud, impulsa a otras personas a hacer lo mismo, le da un respiro al planeta y apoya la ardua labor que realizan los recicladores en toda la ciudad.
 
Cada persona también puede contribuir a este objetivo mediante acciones sencillas como tener un consumo más responsable, separar los residuos en las bolsas verde, blanca y negra o unirse a las jornadas de Plogging Colombia.

¿Cómo participar en Plogging Colombia?

Ser voluntario de la iniciativa que lidera Viviana Saavedra es muy fácil. Para ella, solo se necesitan unos guantes, una lona y 'las ganas de salir a cuidar nuestra salud y la del planeta'. Las actividades programadas se pueden conocer a través del perfil de Instagram 'Plogging Colombia Oficial'.
 
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Doris Orozco, una mujer que cree en el poder femenino para enfrentar el cambio climático

Doris Orozco es líder comunitaria de las veredas ubicadas en la cuenca alta del río Tunjuelo.

Doris Orozco es líder comunitaria de las veredas ubicadas en la cuenca alta del río Tunjuelo. Foto: cortesía.

  • En las veredas Las Margaritas, La Unión y Chisacá, de Usme, esta mujer lidera una red de monitoreo del clima y un proyecto de producción de suculentas.
  • Sus objetivos son cuidar el medioambiente y ayudar a otras mujeres rurales a tener autonomía económica.
Bogotá, 30 de abril de 2021. (@AmbienteBogota). Contribuir a la conservación de la riqueza hídrica, la adaptación al cambio climático y el empoderamiento de las mujeres rurales son unas de las principales motivaciones que tiene Doris Orozco para levantarse cada día y empezar a trabajar.
 
En las veredas Chisacá, Las Margaritas y La Unión, ubicadas en la localidad de Usme, esta mujer de 43 años lidera dos iniciativas a las que están vinculadas más de 20 familias: una red de monitoreo comunitario del clima y un proyecto de producción de suculentas.
 
A través de la red de monitoreo, las personas que viven en esta zona, especialmente las mujeres, realizan una medición de las variaciones del clima con el fin de tener un mejor pronóstico y utilizarlo como base en sus actividades de siembra.
 
"Tenemos un kit de termohigrómetros que toman los datos del clima dos veces al día para sacar una evaluación mensual que nos dice, por ejemplo, cuánto llovió, si hubo heladas o si cayó granizo", explica Doris.
 
Las familias toman las mediciones del clima dos veces al día y al final del mes sacan un acumulado.

Las familias toman las mediciones del clima dos veces al día y al final del mes sacan un acumulado. Foto: cortesía.

El proyecto de las suculentas tiene como objetivo aportar a la resiliencia del territorio al cambio climático y contribuir a la autonomía económica de las mujeres de la zona mediante su comercialización. Con estas plantas, que son reconocidas por su capacidad para almacenar agua, las personas vinculadas a la iniciativa también elaboran cuadros vivos, minijardines, terrarios y bonsáis.
 
Doris manifiesta que el desarrollo de estas ideas ha sido posible gracias al apoyo de las personas de la zona y expertos en el tema, como la ONG Conservación Internacional.
 
Poder femenino
 
Para Doris, es primordial involucrar a las mujeres en estas iniciativas y ayudarlas a empoderarse, porque es consciente de las barreras de acceso que existen para ellas en las áreas rurales. Además, considera que su papel es fundamental para el cuidado del medioambiente.
 
"Los procesos ambientales de la mano con las mujeres son más poderosos porque conocen el territorio y se apropian de él. Por muchos años se ha desdibujado el papel de la mujer en todos los procesos, entonces ¿por qué no empezar a darles una mirada diferente, de empoderamiento y autonomía económica, que es lo que no tienen las mujeres rurales y campesinas?", expresa Doris.
 
Ella cuenta que, aunque siempre ha tenido un interés especial por el cuidado de la naturaleza, fue hasta hace seis años cuando empezó a mostrar su faceta de líder en pro del medioambiente y también de las mujeres.
 
Durante varios años, Doris fue víctima de violencia intrafamiliar. Un día, cansada del maltrato que recibía, le dijo "no más" a su agresor y empezó a formarse para conseguir un trabajo remunerado. Fue así como se graduó de bachiller, hizo algunos diplomados y en poco tiempo comenzó a ejercer como gestora comunitaria.
 
"Me di cuenta de que este proceso me ayudó a conocerme y entender que por más espinas que haya, estas también tienen rosas bonitas. Eso le enseña a uno a ser mejor persona", relata.
 
Doris busca que estas iniciativas sean cada vez más conocidas para seguir uniendo esfuerzos que permitan enfrentar la crisis climática y mejorar la situación de las mujeres, a quienes les deja el siguiente mensaje: "Somos tan poderosas que nosotras mismas podemos pintar nuestro mundo de color. No permitan que nadie les apague esa luz o les diga que ese color no es suyo, porque ustedes deciden el color que les ponen a sus sueños, y estos hay que llevarlos al límite".
 

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Lucy, una mujer que cultiva amor y buenas prácticas ambientales en San Cristóbal

Luz Esperanza

Luz Esperanza es la fundadora de las iniciativas 'Luceros del amanecer' y 'Red amigos del Zuque'. Foto: cortesía. 

Bogotá, 30 de marzo de 2021. (@AmbienteBogota). En la localidad de San Cristóbal hay una mujer que con una gran huerta comunitaria y su inigualable alma de servicio contribuye a la protección del medioambiente y les ofrece un espacio de esparcimiento y aprendizaje a adultos mayores y niños. Su nombre es Luz Esperanza Chois, o simplemente 'Lucy', como la conocen en la zona.
 
En una casa ubicada en el barrio Moralba, la cual era propiedad de sus abuelos, esta mujer adecuó un área para que las personas de su comunidad siembren aromáticas, hortalizas, frutas y tubérculos y compartan saberes. Además, a través de la iniciativa de voluntariado 'Red amigos del Zuque', organiza jornadas de limpieza, recorridos ecológicos y actividades de educación ambiental. 
 
Su trabajo comunitario comenzó hace 14 años cuando dejó a un lado sus labores como administradora de un almacén por problemas de salud. Tras retirarse, empezó a buscar ideas para invertir el tiempo libre y se encontró con que las obras sociales y la protección de la naturaleza eran las mejores maneras de hacerlo.
 
Aunque nació y creció en la capital, sus abuelos y padres le inculcaron el amor por la naturaleza y las costumbres del campo desde que era una niña. Su mamá era una mujer boyacense que solía sembrar sus propios alimentos en la casa, y su papá, un hombre de Cantón (China), que llegó a probar suerte al país a principios del siglo XX y se quedó hasta el final de sus días acompañando a su esposa en estos quehaceres y enseñándoles a sus hijos.
 
"Volver a nuestras raíces ancestrales, coger la tierra, tener un espacio para compartir con muchas personas y valorar todo lo que tenían los abuelos fue especial para mí", cuenta esta bogotana mientras recorre la huerta.
 
Lucy es la precursora del grupo 'Luceros del amanecer' y de la iniciativa de voluntariado 'Red amigos del Zuque'. A través de estos proyectos, vincula a personas de la comunidad, niños y adultos mayores en clases de aeróbicos, reciclaje, agroecología y caminatas. 
 
El objetivo de estas iniciativas es cuidar y preservar el cerro del Zuque y mejorar la salud y el bienestar de las personas, especialmente, las de edad avanzada, ya que Lucy considera que son' muy agradecidos y es clave brindarles espacios donde puedan compartir y hablar con otros'.
 
Actualmente, hay más de 70 adultos mayores vinculados a estas estrategias comunitarias y aproximadamente 15 frecuentan la huerta cada semana. En esta se encargan de sembrar alimentos como repollo, lechuga, toronjil, uchuva, cebolla, cubios, menta, perejil, apio, zanahoria, papa, arveja, fucsia, hierbas aromáticas y flores que atraen a los colibríes. Adicionalmente, fabrican un ungüento natural con caléndula.
 
Los adultos mayores siembran diferentes alimentos en la huerta y, cuando están listos, los llevan a su mesa. Foto: cortesía
 
La huerta comunitaria también tiene una zona de vivero y un aula ambiental en el que los visitantes intercambian conocimientos mientras disfrutan de una bebida aromática preparada con las yerbas sembradas allí para contrarrestar el frío.
 
"Yo creo que nunca es tarde para aprender. Cada día se aprende algo diferente de los demás, y uno también comparte lo que sabe con otras personas", agrega Lucy.
 
El toque secreto para tener una huerta en casa
 
Durante estos años Lucy ha adquirido la experiencia necesaria para saber cómo funciona una huerta. Por eso, les da los siguientes consejos a quienes están interesados en sembrar alimentos en casa:
 
  • Si cuentan con un espacio de tierra, abran un hueco y abónenla con residuos orgánicos, cal y melaza. 
  • Si no tienen una zona así, ¡no se preocupen! Para esto, pueden utilizar baldes o recipientes grandes.
  • Empiecen por sembrar cilantro o lechuga, que son alimentos de mayor facilidad y rapidez para brotar. El primero muestra los resultados a los 15 días, explica.
  • Siembren de todo un poco.
"La huerta es un sitio de remanso y paz, es muy bonita y tranquila. El que llega se enamora porque transmite tranquilidad", concluye.
 En la huerta comunitaria se produce todo tipo de hortalizas y aromáticas. Además, se elabora un ungüento para sanar las heridas.
 
En la huerta comunitaria se produce todo tipo de hortalizas y aromáticas. Además, se elabora un ungüento para sanar las heridas. Foto: cortesía
 

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La mujer que le pone arte al cuidado del humedal Capellanía

Yancy Penagos nació en el Meta, pero desde los 15 años vive en Bogotá.

Yancy Penagos nació en el Meta, pero desde los 15 años vive en Bogotá. Foto: cortesía. 

  • En compañía de un grupo de jóvenes, Yancy Penagos creó la Escuela Popular Artística Ambiental Zonal - EPAZ, en la localidad de Fontibón, para promover la educación ambiental a través de las expresiones culturales.
Bogotá, 26 de febrero de 2021. (@AmbienteBogota). El cuidado del ambiente y la elección del arte como un elemento transformador definen una parte de la esencia de Yancy Penagos, quien hoy desarrolla una iniciativa de educación ambiental en Fontibón, localidad donde vive, para contribuir a la conservación del humedal Capellanía y otros ecosistemas.
 
El año pasado, en medio de la pandemia, se unió con un grupo de jóvenes que estaban desarrollando un proyecto de huertas urbanas en Hayuelos, para crear la Escuela Popular Artística Ambiental Zonal - EPAZ, un colectivo que tiene como propósito generar espacios de literatura, fotografía, puntura, agroecología y recorridos para el aprendizaje sobre el medioambiente.
 
"Cuando uno usa el arte como mecanismo para procesar y generar cultura en cuanto a la naturaleza, se produce un mejor sentimiento hacia el medioambiente. El arte hace que tú utilices las emociones, cojas un arraigo o un cariño hacia algo¿ porque cuando uno pinta o escribe está construyendo colectivamente un imaginario", dice con convicción esta mujer de 39 años.
 
A través del colectivo, ella y los jóvenes han organizado jornadas artísticas para que los niños y adultos de la localidad conozcan y se apropien de las áreas ambientales. Entre estas acciones se encuentran talleres de pintura, lectura y fotografía, la elaboración de un pesebre comunitario con materiales reciclables en diciembre y la creación de un mural en el respaldo de las casas aledañas al humedal para hacerle un homenaje a las especies que lo habitan. A esta última actividad se unieron cerca de 50 personas.
 
Así mismo, con su grupo gestionó el acceso a una colección de libros sobre insectos para leer con los niños y realizar un mural inspirado en los animales de este tipo que se encuentran en el humedal Capellanía, cuya extensión es de 27 hectáreas. 
 
Este ecosistema alberga más de 70 especies. El Grupo de Monitoreo a la Biodiversidad de la Secretaría de Ambiente ha registrado algunas aves como el garrapatero mayor, el cardenal, el suirirí piquirrojo y la cotorrita de anteojos, además de reptiles como la culebra sabanera.
 
Las actividades artísticas tienen como fin promover la educación ambiental.

Las actividades artísticas tienen como fin promover la educación ambiental. Foto: cortesía.

Yancy ha estado conectada a este ecosistema desde hace varios años y busca que cada vez más personas lo conozcan y se unan para cuidarlo. Uno de los sueños en los que está trabajando es en impulsar los semilleros en casa, por medio de una idea llamada Terrarios, para que los niños aprendan a sembrar y luego planten sus resultados en el humedal.
 
"Uno no puede cambiar el mundo, pero sí puede hacer que se transforme el sentir por la naturaleza. Tenemos que hacer un proceso de anclaje sentimental con las cosas, y son tiempos para ello", expresa.
 
Esta mujer no nació ni pasó su infancia en Bogotá, pero las labores que ha desarrollado a lo largo de estos años en beneficio del ambiente en la ciudad y el Meta, de donde es oriunda, demuestran que no importa el lugar donde se encuentre, porque siempre está comprometida con la conservación de los recursos naturales y la promoción de la cultura para lograrlo.
 
Ella creció en medio de las costumbres del campo y un ambiente de música y literatura. A los 15 años se trasladó con su familia a Bogotá y, desde entonces, ha construido un arraigo por la ciudad que la ha movido a transformar el entorno. En los Llanos Orientales también estuvo vinculada a iniciativas de educación ambiental y a la protección de ecosistemas como el humedal Coroncoro, ubicado en Villavicencio.
 
Cuenta que sus acciones voluntarias y el trabajo con la comunidad no solo han impacto el medioambiente, sino que le han ayudado a sobrellevar los efectos de un trastorno que le diagnosticaron hace unos años: "A mí la comunidad y querer hacer las cosas me rescatan", concluye.

 

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La semilla de transformación que sembró Gianna Hernández en el corazón de Teusaquillo

Gianna Hernández, cocreadora del colectivo Gente de Zona Trece.

Gianna Hernández, cocreadora del colectivo Gente de Zona Trece. Imagen: Comunicaciones de la Sec. de Ambiente. 

  • El colectivo Gente de Zona Trece forma parte del programa de Voluntariado Ambiental de la Secretaría de Ambiente. 
  • Actualmente, hay 25 personas vinculadas al colectivo liderado por Gianna Hernández.
Bogotá, 25 de enero de 2021. (@AmbienteBogota). Después de haberse ido a vivir un tiempo al norte de la ciudad, Gianna Hernández regresó a su localidad, Teusaquillo, para quedarse y empezar a generar soluciones a los problemas ambientales en este sector de la capital.
 
Esta mujer, reconocida en el sector por su liderazgo, es la cocreadora de Gente de Zona Trece, un colectivo que desde 2016 ha estado dedicado a la limpieza y embellecimiento de Teusaquillo, y la promoción de una mayor conciencia sobre el manejo adecuado de residuos y la tenencia responsable de animales de compañía.
 
Todo empezó cuando un día su esposo, Diego Ramírez, se levantó y salió a la calle a recoger desechos. Al observar esto, ella y sus pequeños hijos se animaron y comenzaron a realizar lo mismo. Esta labor familiar sembró una semilla de trabajo voluntario y liderazgo en el corazón de Gianna, que hoy sigue germinando.
 
"Nosotros también tenemos una responsabilidad con nuestro territorio y entorno de la puerta hacia afuera. Si yo estoy ahí, debo generar una apropiación y un ejemplo, porque de lo contrario no estoy haciendo nada. La cultura no se compra ni se hereda, se enseña, y debe ser parte de nuestra vida", reflexiona Gianna.
 
Motivada por la idea de transformar la zona en que vivía y pasar de la palabra a la acción, decidió congregar a un grupo de personas para que se unieran a la causa. Fue así como comenzó a salir cada sábado en la mañana para invitar a sus vecinos y organizar jornadas de limpieza. 
 
Gianna considera que el trabajo en equipo es fundamental para generar cambios positivos en la sociedad. Por eso, en este camino no ha estado sola y, además de su familia, ha encontrado personas con la misma conciencia ambiental y amor por la localidad que se han unido a su iniciativa para desarrollar acciones en beneficio de esta.
 
Ese es el caso del señor Néstor Garzón, a quien conoció en la esquina donde se sentaba los sábados a convocar a los vecinos. Él aceptó la invitación y decidió subirse al tren de las labores voluntarias para acompañarla y transformar juntos Teusaquillo. 
 
¿Es una mujer muy activa, emprendedora, líder de actividades sociales, ambientales y comunitarias. Hemos trabajado sin prejuicios y en el fortalecimiento social de un parte de la localidad¿, dice Néstor.
 
Esta misma admiración expresa Doris Ladino Carreño, una mujer que forma parte del colectivo Gente de Zona Trece y quien ha trabajado de la mano con Gianna en acciones comunitarias como las ¿Botellas de amor¿, una iniciativa que consiste en acopiar plásticos de un solo uso en recipientes para que estos sean utilizados en la elaboración de artículos.
 
¿Gianna es una mujer comprometida con la comunidad, atenta a resolver las necesidades de los vecinos de manera oportuna. Ha trabajado desde hace varios años por mejorar el medioambiente del territorio a través de las actividades de limpieza y tenencia responsable de animales de compañía. Es una persona con corazón social que entrega su tiempo a la familia de sangre y a la familia comunal¿, detalla Doris.
 
En el colectivo Gente de Zona Trece, que forma parte del programa de Voluntariado Ambiental del Distrito, de la Secretaría de Ambiente, hay cerca de 25 personas vinculadas. En su balance de acciones se destacan 36 jornadas de limpieza y embellecimiento, tres bicirrecorridos y la recuperación de cinco espacios de Teusaquillo afectados por problemas ambientales y sociales. Estas labores han sido ejecutadas en conjunto con su familia, los vecinos y diferentes entidades.
 
La divulgación de conocimientos también han sido claves para la misión de la iniciativa liderada por Gianna. En ese sentido, ha participado en 12 conversatorios y ha desarrollado capacitaciones dirigidas a la comunidad con el fin de promover una mayor conciencia sobre el ambiente, la separación de residuos y el cuidado de los animales de compañía. 
 
Así mismo, a través del colectivo, ha aunado esfuerzos para organizar jornadas de vacunación e implantación de chips y ha impulsado la adopción de animales. De hecho, hace un año le abrió las puertas de su casa a Benji, su perro, para darle la oportunidad de disfrutar el cariño de un nuevo hogar.
 
Benji fue adoptado por Gianna y su familia hace un año.

Benji fue adoptado por Gianna y su familia hace un año. Foto: cortesía.

El liderazgo ambiental y social de Gianna no solo ha transformado la localidad de Teusaquillo, sino su propia vida y la relación que tiene con el entorno. Ella, que antes de emprender este camino se dedicaba al diseño de modas y tenía una empresa mayorista de ropa, considera que ahora es una persona diferente, menos consumista y más agradecida con lo que tiene. 
 
"Ha sido una experiencia maravillosa. Me siento desarrollada y plena pudiendo servir a mi comunidad y ver resultados. A mí siempre me ha gustado servirle a la gente, pero cuando llegué a este tema social como que me ubiqué. Poder hacer las cosas de corazón nos genera satisfacción (¿) Siento que mi paso por esta vida no está siendo en vano. Ya sembré y las cosas que sembré han dado frutos", concluye esta mujer.
 

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Sofía López y la quebrada Las Delicias: un lazo indestructible

Sofía López, líder y vigía ambiental de la quebrada Las Delicias.

Sofía López, líder y vigía ambiental de la quebrada Las Delicias. Imagen: Comunicaciones. 

Bogotá, 27 de diciembre de 2020. (@AmbienteBogota). Con la buena energía y tranquilidad que la caracterizan, Sofía López recorre con orgullo los senderos de la quebrada Las Delicias, ubicada en Chapinero. A medida que avanza se detiene constantemente para consentir a sus hijos -como llama a los árboles-, acomodarles las ramas y verificar si se encuentran bien.
 
A esta riqueza natural, ubicada en los Cerros Orientales, Sofía llegó hace menos de una década por pura casualidad. Después de varios años de desempeñarse como secretaria en jardines infantiles del Distrito decidió que quería emprender un cambio en su vida, pero aún no lo tenía claro. El tiempo en que estuvo buscando un nuevo trabajo, exactamente un mes, se encargó de darle la respuesta.
 
En esa época, mientras recorría las calles de su barrio, Juan XXIII, vio un pequeño letrero sobre una convocatoria que invitaba a miembros de la comunidad a ser parte del grupo que lideraría la recuperación de la quebrada Las Delicias. Aunque en ese instante sintió un poco de miedo por la difícil situación que existía en el lugar, resolvió presentarse y, por fortuna, fue seleccionada para enfrentar el reto. 
 
En 2012 se convirtió en vigía ambiental y, sin pensarlo, empezó a adquirir cualidades de liderazgo. Ella, otros representantes comunitarios, entidades públicas, organizaciones y universidades se unieron para devolverle la vitalidad a la fuente hídrica que, hasta hace unos años, era una de las más contaminadas de la ciudad por cuenta de los vertimientos y escombros arrojados por construcciones aledañas a la zona. Además, cargaba con el enigma de ser un lugar inseguro para los visitantes.
 
El proceso de recuperación de Las Delicias incluyó largas jornadas de limpieza, la adecuación de senderos, la construcción de algunos kioscos, actividades de concientización y la plantación de árboles de 52 especies que hoy son el hogar de diferentes aves y unos de los más grandes amores de Sofía. 
 
"Los árboles se convirtieron en mis hijos. Yo me siento dichosa cuando veo que planté un arbolito de 50 centímetros y hoy tiene 7 metros o cuando empiezo a ver un dosel donde antes no existía", expresó la líder mientras acomodaba las ramas de un individuo vegetal cuyos frutos estaban por caerse.
 
Este trabajo transformó a la quebrada Las Delicias en un destino natural para el disfrute de los bogotanos. En medio del proceso, Sofía empezó a estudiar nuevamente y se graduó como tecnóloga en Guianza Turística con especialización en aves porque uno de sus mayores sueños es que este sea un escenario de turismo sostenible donde haya conexión y, sobre todo, cuidado con la naturaleza, muestras artísticas, educación ambiental y artesanías elaboradas por las personas de la comunidad.
 
La quebrada Las Delicias recoge el agua que nace en los Cerros Orientales.
 
La quebrada Las Delicias recoge el agua que nace en los Cerros Orientales. Imagen: Comunicaciones.
 
A través de las redes sociales de Tissus, su marca de turismo comunitario, Sofía comparte vivencias por este lugar de los Cerros Orientales e invita a las personas a disfrutarlo con responsabilidad. Para esto, creó un recorrido que empieza en la calle 72, sigue hasta la quebrada La Vieja, baja al barrio Juan XXIII -específicamente a su casa donde tiene una galería- y termina en Las Delicias. La caminata, que dura aproximadamente cuatro horas, no solo es una oportunidad para contemplar dichos sitios sino para adquirir conocimientos, ya que otra de sus cualidades es contar historias con simpatía y frescura.
 
 
El liderazgo también la llevó a ser elegida presidenta de la Red Nacional de Turismo Comunitario, un espacio en el que comparte experiencias y prácticas sostenibles con personas de todas las regiones del país.
 
Sin duda, el proceso de recuperación de la quebrada Las Delicias le dio a Sofía ese cambio que buscaba en su vida. Ahora, no solo se dedica a proteger y limpiar este lugar, sino que realiza acciones para unir a la comunidad y llenar de naturaleza su barrio. 
 
En el mirador de la zona está implementando una huerta ecológica que tiene como propósito brindarles a los jóvenes un espacio de esparcimiento sano. Así mismo, está trabajando en la instalación de un jardín vertical cerca de su casa y la reconstrucción de la biblioteca. Para ella, esto significa llevar la quebrada hasta los hogares.
 
"Los pequeños detalles de la gente, la risa, empezar a ver los cambios y a los arbolitos crecer, y entender que estos además de darme una identidad de líder tienen una función vital en la calidad del aire hicieron que se transformara mi vida", considera Sofía. 
 
Los días de esta mujer, nacida y criada en el barrio Juan XXIII, no son los mismos de hace una década. Hoy se siente más empoderada y con mayores conocimientos para seguir brindándole amor a uno de los patrimonios ambientales de Bogotá: la quebrada Las Delicias.
 
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Camila Morentres, una bogotana comprometida con reducir la contaminación de la industria textil

En la ONG Clothe se recicla todo tipo de ropa y textiles de cama y hogar.

En la ONG Clothe se recicla todo tipo de ropa y textiles de cama y hogar. Foto: cortesía 

Bogotá, 30 de noviembre de 2020. (@AmbienteBogota). En el tercer piso de un edificio ubicado en la localidad de Teusaquillo se encuentra la ONG Clothe, un centro de reciclaje textil ideado hace cinco años por la bogotana Camila Morentres, con dos propósitos claves: contribuir a la reducción de la contaminación generada por el sector de la moda y ayudar a las comunidades más vulnerables del territorio nacional.
 
La industria textil es una de las más contaminantes en el ámbito global. Según un informe del Banco Mundial, esta es responsable del 10 % de las emisiones globales de carbono anuales, y cada año utiliza 93 000 millones de metros cúbicos de agua, una cantidad suficiente para satisfacer las necesidades de consumo de cinco millones de personas. De ahí la importancia de tomar conciencia sobre sus acciones en el planeta.
 
"Me puse a investigar y decidí crear un proyecto que accionara y solucionara, porque la problemática es tanta que es difícil de comunicar; en cambio, hay pocas acciones concretas. La idea de esta iniciativa es disminuir la contaminación en los desechos, a través del reciclaje textil, y apoyar a comunidades vulnerables y fundaciones porque Colombia es un país con mucha desigualdad", asegura Camila.
 
A este pequeño lugar asisten los miércoles, sábados y domingos personas motivadas por el consumo sostenible, para intercambiar, donar o comprar prendas de segunda mano. 
 
La ONG Clothe se basa en tres dinámicas: la primera consiste vender la ropa de las fundaciones con las que tiene convenio para financiar su funcionamiento; la segunda, radica en propiciar el intercambio entre los ciudadanos, es decir, estos pueden llevar máximo cinco prendas y recibir la misma cantidad, al aportar un valor mínimo que es destinado al sostenimiento de la zona; y la tercera, se fundamenta en la donación de textiles. Para esta última, las personas deben hacer un pequeño pago por kilo, que es utilizado para enviar los artículos a las regiones del país donde se encuentran las comunidades receptoras.
 
Camila cuenta que dicho aporte no alcanza a cubrir los gastos, pero se pide para concientizar a la gente de que "el reciclaje textil tiene unos esfuerzos como el bodegaje, la selección y transformación, y que es nuestra responsabilidad encargarnos de lo que consumimos".
 
La mayoría de la ropa donada es enviada a las comunidades así como llega; sin embargo, cuando esta no se encuentra en perfectas condiciones es transformada en artículos de larga duración. Solo un 2 % de los textiles recibidos son incinerados, debido a que llegan en muy mal estado al centro de reciclaje.
 
Para la creadora de este proyecto, lo ideal es que la ropa no tenga que pasar por procesos de transformación ni incineración, sino que pueda ser utilizada por personas a las que realmente les sirve y, de esta manera, lograr alargar la vida de dichos productos.
 
A la hora de donar ropa, dice Camila, es importante tener en cuenta las condiciones climáticas y la cultura de las personas que la reciben para no generar más contaminación por el desuso o abandono de esta.
 
"El asistencialismo genera mucha contaminación porque las comunidades vulnerables no tienen los recursos para reciclar esa ropa o enviarla a otro lado; entonces, ellos se quedan con eso ahí y la persona que la dona cree que está haciendo un bien cuando realmente está subestimando a la comunidad y generando una contaminación por no asumir su responsabilidad", enfatiza la bogotana de 31 años.
 
Por esa razón, la ONG envía la ropa donada a las comunidades del país según las peticiones que le hacen, porque son estas las que están haciendo un gesto de responsabilidad ambiental al reusar los textiles que la ciudad deja.
 
Actualmente, algunas comunidades del Pacífico, Putumayo y otras zonas tropicales del país son las que reciben la mayoría de las prendas. Con respecto a la ropa de clima frío, Camila aclara que esta es donada a campesinos y personas desplazadas ubicadas en Bogotá.
 
Por cada día de servicio al público, la ONG Clothe recibe aproximadamente a diez personas, y por mes recicla cerca de tres toneladas de textiles, los cuales reducen la cantidad de residuos que llegan al relleno sanitario.
 
Cada mes, la ONG Clothe recicla tres toneladas de textiles.

Cada mes, la ONG Clothe recicla tres toneladas de textiles. Foto: Comunicaciones, Secretaría de Ambiente. 

Una mujer comprometida con el planeta y el bienestar de la gente

Camila es una mujer que aplica la ecología en todos los aspectos de su vida. En su casa, por ejemplo, tiene siete estaciones de reciclaje. Junto con su hija, separa de forma cuidadosa todos los residuos y los que desecha son muy pocos. 
 
En su hogar también reutiliza el agua de la lavadora en los baños y en una nueva puesta en funcionamiento de este electrodoméstico.
 
"Cuando uno entra al mundo de la sostenibilidad por cualquier cosa se va dando cuenta de que tiene que integrar otras. Ya no es suficiente con comer bien o hacer deporte, sino que empieza cuestionarse sobre el turismo que está haciendo o la ropa que usa", reflexiona Camila, quien también se caracteriza por ser una persona sensible y consciente del valor del trabajo que realizan los demás. A los recicladores que recogen los residuos de su casa les hace un aporte en dinero porque considera que son ellos quienes le están haciendo un favor.
 
A su preocupación por la contaminación generada en la industria textil, se suma su sentido crítico por saber siempre lo que hay detrás de las prendas que consumimos. Por eso, invita a la gente, antes de realizar una compra, no solo a preguntarse si esta es realmente necesaria, sino a investigar sobre las condiciones laborales de las personas que trabajan en dicho sector.
 
En la actualidad, Camila estudia psicología, una carrera que encaja perfectamente con su visión del mundo y lo que desea lograr con su proyecto. De hecho, considera que Clothe es un ejercicio psicológico mediante el cual las personas que visitan el centro de reciclaje tienen un proceso de crecimiento personal en torno a la conciencia ambiental.
 
"La psicología, para mí, es una pasión, y creo que este proyecto nace de esta rama porque es la aplicación de la espiritualidad. La ecología es dejar de filosofar y empezar a actuar", concluye la bogotana.
 
 
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Una heroína que reduce la disposición de residuos orgánicos en el relleno sanitario

Foto: cortesía. Jéssica Rivas lidera el proyecto ¿Más Compost, Menos Basura'. Por medio de este, recoge residuos orgánicos para que sean transformados en abono.

Foto: cortesía. Jéssica Rivas lidera el proyecto 'Más Compost, Menos Basura'. Por medio de este, recoge residuos orgánicos para que sean transformados en abono.

  • Jéssica Rivas lidera el proyecto 'Más Compost, Menos Basura'. Por medio de este, recoge residuos orgánicos para que sean transformados en abono.
  • Desde 2018, ha logrado recolectar más de 150 toneladas de restos de comida en los hogares de Bogotá.
Bogotá, octubre 31 de 2020. (@AmbienteBogota). Desde que era una niña, Jéssica Rivas ha estado conectada con la naturaleza, gracias a que una gran parte de su infancia la pasó en el campo, en compañía de sus abuelos. Esta experiencia marcó su vida y se convirtió en una semilla que después de un tiempo brotó en forma de un proyecto con importantes impactos ambientales en la ciudad.
 
Esta bogotana de 31 años es la creadora de Más Compost, Menos Basura, una iniciativa que nació oficialmente en 2018 y cuyo objetivo es recolectar los residuos orgánicos generados en las viviendas para aprovecharlos como abonos.
 
Para Jéssica, la consolidación de esta idea comenzó en su época de universidad. Ella, una mujer curiosa por los temas ambientales, aprovechaba el tiempo libre para adherirse a diferentes espacios de aprendizaje y, a la vez, compartir sus conocimientos con otras personas.
 
Mientras estudiaba Administración Pública, aunó esfuerzos con un grupo de compañeros para crear una organización social, mediante la cual realizaba talleres enfocados en la reutilización. A través de esta iniciativa, les enseñaba a los ciudadanos a aprovechar residuos como las cajas de la leche y las llantas, entre otros.
 
Un tiempo después de haber terminado la universidad, surgió una convocatoria distrital en la que buscaban estrategias para que las personas pudieran gestionar adecuadamente sus residuos. Se le ocurrió que esta podría ser una buena oportunidad para seguir consolidando sus ideas por el cuidado del ambiente e ir más allá de la pedagogía para generar un proceso que repercutiera directamente en la ciudad. 
 
"Queríamos darle un enfoque diferente a la fundación, para que no se quedara solo en el taller o la caminata, sino que tomara una problemática ambiental grande y, desde la ciudadanía, se pudiera solucionar. Pensamos que podían ser los residuos orgánicos y, entonces, empezamos a investigar sobre el tema del compostaje y desarrollamos una compostera domiciliaria", rememora Jéssica.
 
Ella y su equipo implementaron la idea inicial con 50 familias de la localidad de Usme, que vivían cerca del relleno sanitario Doña Juana. Estas comenzaron a aprovechar los residuos en abonos y se hicieron conscientes del impacto que generaba su consumo en el ambiente. 
 
"¿Sabes qué fue lo más bonito de ese proceso? Que sembramos una semilla en las familias, las cuales empezaron a hacer la separación y gestión de los residuos", relata la bogotana.
 
Los recursos obtenidos mediante la convocatoria fueron destinados a la compra de nuevas composteras con las que más personas de la ciudad empezaron a tomar conciencia y generar cambios frente a los residuos.
 
En 2018, Jéssica, en compañía de su esposo, formalizó el proyecto. En una bicicleta playera comenzó a recolectar los residuos orgánicos en las casas de las familias que contaban con las composteras. Desde entonces, ha evitado que más de 150 toneladas de este tipo de restos lleguen directamente al relleno sanitario Doña Juana.
 
Foto: cortesía de Más Compost, Menos Basura. Desde 2018, ha logrado recolectar más de 150 toneladas de restos de comida en los hogares de Bogotá.
Foto: cortesía de Más Compost, Menos Basura. Desde 2018, ha logrado recolectar más de 150 toneladas de restos de comida en los hogares de Bogotá.
 
En la actualidad, Más Compost, Menos Basura atiende una cifra mayor de 1.333 hogares y recoge cerca de ocho toneladas de residuos orgánicos que son trasladados al municipio de Tenjo, donde un proveedor los transforma y comercializa.
 
El compostaje es un proceso que permite convertir los restos de comida en abono para aportar nutrientes a la tierra y disminuir la contaminación atmosférica, en el suelo y el agua. 
 
Foto: cortesía de Más Compost, Menos Basura. El compostaje permite convertir los restos de comida en abono para aportar nutrientes a la tierra y disminuir la contaminación.
 
De acuerdo con un informe del Banco Mundial, en el planeta se generan 2.010 millones de toneladas de desechos sólidos cada año. De estos, el 44 % corresponde a alimentos y desperdicios verdes, que, mediante técnicas como el compostaje, podrían ser transformados para el beneficio de la sociedad.
 
"Por medio del compostaje podemos reconectarnos con la naturaleza y devolverle un poco lo que nos da (...). Esto nos brinda la satisfacción de dejar de ser parte del problema y empezar a ser parte de la solución", explicó.
 
Jéssica continúa con su misión de educar a la gente, no solo en el manejo de residuos orgánicos, sino en prácticas sostenibles, para contribuir al cuidado y la preservación de los recursos naturales. 
 
A las personas que desean ingresar al mundo del compostaje les recomienda, primero que todo, tener mucha paciencia y compromiso. El resto es cuestión técnica: disponer de una vasija de barro de máximo 30 cm de alto, picar los residuos en trozos pequeños, procurar que la mayoría de los insumos sean naturales y contar con un material seco, como el aserrín, para evitar los malos olores.
 
Por ahora, tiene dos sueños: hacer que su proyecto sea replicado en otros lugares de Colombia y contar con un sitio comunitario de compostaje en Bogotá.
 
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Música hecha con residuos: un instrumento transformador para Andrea de Francisco

Bogotá, septiembre 29 de 2020. (@AmbienteBogota). Donde quizás muchas personas observan montañas de basura, Andrea de Francisco ve oportunidades para hacer música, impactar positivamente a la sociedad y generar conciencia ambiental sobre la gestión de residuos.

A esta bogotana la mueven dos pasiones: la música y la protección del planeta. Desde sus cuatro años ha estado inmersa en el mundo artístico y siempre ha sido una mujer protectora de los animales, la naturaleza y la vida, en general. La unión de estas cosas la llevó a crear en 2010 Latin Latas, una propuesta rítmica cuyos instrumentos son hechos únicamente con materiales reciclados. 
 
Sin embargo, la consolidación del grupo fue solo la materialización de una idea que tenía en su mente. Todo empezó en Ciudad Bolívar, específicamente en el sector Altos de Cazucá, donde estaba vinculada a un proyecto de Derechos Humanos y les dictaba clases extracurriculares de música a los niños.
 
Después de dos años, los pequeños empezaron a pedirle instrumentos y como no había dinero para comprarlos se le ocurrió que la basura podría ser un buen insumo para fabricarlos. Entonces, recordó sus épocas de aprendizaje musical en las que conoció al grupo de percusión británico Stomp, caracterizado por utilizar el cuerpo y los objetos ordinarios en sus espectáculos, y decidió comenzar a experimentar.
 
"Esa falta de dinero para tener instrumentos conectó mis dos pasiones: la vida, porque siempre fui una niña muy conectada con los animales y la naturaleza, y la música. Entonces, dije: ¿bueno, no hay instrumentos ni hay plata, pero hay basura", rememora Andrea.
 
El experimento resultó ser todo un éxito. Por medio de este, los niños de la comunidad, que nunca habían tenido la oportunidad de salir del barrio, fueron a distintos centros comerciales y espacios públicos de Bogotá a mostrar su música hecha con plásticos, latas y otros residuos. Este se convirtió en un momento clave para que Andrea comenzara su recorrido por el mundo de la lutería. 
 
Aunque ella reconoce la importancia de la innovación sonora en su proyecto musical, el cual se ha consolidado como un movimiento cultural de talla internacional, está convencida de que su misión va más allá de eso. Su objetivo principal es realizar pedagogía social y sostenible.
 
"Decidí que la música sería un canal de comunicación -porque el problema que hay en el mundo es de información- y que la basura o los residuos se convertirían en una herramienta para pasar del discurso a la acción", enfatiza la bogotana.
 
La convicción de esta mujer por promover verdaderos cambios a través de la música no solo se evidencia en los instrumentos que usa, sino en las canciones que ella misma compone y canta con el grupo. Sus letras, amenizadas por sonidos folclóricos, están dedicadas al reciclaje, el consumo responsable y el planeta.

Residuos convertidos en arte

Para Andrea todo sirve, y esa es la consigna con la que vive y bajo la cual ha creado diferentes instrumentos, junto con su equipo y los jóvenes que forman parte de Latin Latas. Su casa y el taller donde ensaya e imparte conocimientos a otras personas llevan el sello ¿zero waste¿. En estos espacios es común observar objetos que además de ser originales y bonitos, están hechos con lo que generalmente se conoce como basura.
 
El instrumento insignia del grupo es el Hopomoponofono, un ukelele fabricado con una lata de chocolates roja en forma de corazón, cuyo nombre le hace honor a la tradición hawaiana Hooponopono, dirigida a la resolución de los problemas interpersonales por medio de palabras como "lo siento", "perdóname", "te amo" y "gracias".
 
"Para mí representa el poder de la paz, el poder del perdón. Siempre que hablo de este instrumento doy un mensaje", dice Andrea, quien tiene la particularidad de ponerles un nombre auténtico a los instrumentos que diseña.
 
Inspirada en su gusto por la música electrónica, desarrolló otra de sus grandes hazañas: el Plasticordio. Se trata de un controlador hecho con cepillos de dientes empotrado en una aspiradora. Con este instrumento, la bogotana no solo busca generar conciencia ambiental, sino dejar un mensaje sobre el rol que tienen las mujeres en la sociedad y su capacidad para manejar herramientas e innovar.
 
Entre sus creaciones también se destacan el Secáfono, un micrófono hecho con un secador de cabello; el Guitarfolio, una guitarra compuesta por un portafolio y un disco duro y decorada con taches de colores de un cinturón viejo; los tambores, fabricados con PET; y la Marimbotella, un instrumento único realizado con botellas y válvulas de bicicleta.
 
Todas estas herramientas son producto de la investigación y la experimentación constantes que caracterizan a Andrea. Ahora, por ejemplo, está trabajando en el sueño de fabricar un acordeón que, según ella, es uno de los instrumentos más difíciles de hacer.

Vivencias memorables y sueños grandes

El trabajo de pedagogía realizado con Latin Latas -que hace un tiempo se transformó en una corporación-, ha llevado a Andrea a las zonas rurales más profundas de Colombia, pero también a dejar su mensaje en algunas ciudades de Francia, España y México.
 
Para ella, lo más gratificante de su proyecto es poder sensibilizar a las personas, sin brechas sociales ni fronteras, con el único propósito de generar cambios que impacten positivamente el planeta.
 
"Poder llegar a lugares donde no hay luz, trabajar con tantos líderes, lideresas, maestros y gente que realmente es muy resiliente nos da un mensaje grandísimo de fuerza, a pesar de todo lo difícil en este país", resalta la compositora y cantante.
 
A través de la corporación que codirige con sus dos socias, Claudia Vargas y Paula Sáenz, Andrea también realiza jornadas de concientización dirigidas a diferentes públicos sobre el cuidado de la naturaleza, a partir de la adecuada gestión de residuos y, especialmente, del consumo responsable. De hecho, su filosofía de vida y enseñanza se basa en siete erres: reflexionar, rechazar, reducir, reparar, reutilizar, regresar a la tierra y reciclar. 
 
Esta mujer, que es una fiel admiradora de lideresas ambientales como Greta Thunberg, Berta Cáceres y Francia Márquez, espera seguir llegando con su música y pedagogía a más lugares para generarles oportunidades de crecimiento a los niños y jóvenes y promover cambios que beneficien el planeta.
 

 

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Beatriz Arango: 25 años de compromiso por los espacios verdes del norte de Bogotá

   

Bogotá, agosto 31 de 2020. (@AmbienteBogota). Beatriz Arango es de Manizales y desde muy pequeña ha tenido una fuerte relación con la naturaleza. Sus padres en la finca le enseñaron, a través de diferentes actividades, la importancia por el respeto y el cuidado que se debe tener por los animales y los ecosistemas.
 
Esta mujer es administradora de empresas y trabajó durante 10 años en diferentes multinacionales; sin embargo, su vocación ecológica le hacía un llamado continuo para aportar sus conocimientos ambientales en su comunidad.
 
Beatriz es residente del barrio El Chicó, ubicado entre el parque El Virrey, la calle 94, la paralela NQS y la carrera 15. Su interés constante por cuidar el medioambiente la llevó a trabajar por la comunidad de este territorio a través de un colectivo ambiental. 
 
La Asociación Archi tiene como objetivo vincular y concientizar a los habitantes sobre la importancia de las zonas verdes y los recursos naturales como parte vital del territorio que permiten tener una mejor calidad de vida. Asimismo, trabaja en identificar las diferentes problemáticas para el bienestar general.
 
Esta mujer lleva 25 años trabajando por el sector del Chicó. Algunas de sus estrategias con la comunidad consisten en la conservación de las zonas verdes, la recuperación de árboles y el cuidado de las especies. 
 
Esta manizaleña lidera también el programa "Botellas de Amor", estrategia con la que se busca fomentar e incentivar el reciclaje con los vecinos de la zona. La ubicación de varios contenedores de tapas de plástico y pilas cerca de los conjuntos residenciales y tiendas del sector ha facilitado esta ecológica labor. 
 
Contenedor "Botellas de Amor"
 
Contenedor "Botellas de Amor"
 
Beatriz también forma parte de la Comisión Ambiental Local. Allí, es partícipe y estratega de la protección del ambiente, el aire, y los animales; tarea que le facilita profundizar acciones de la mano con la comunidad: "Todos los seres humanos pueden, desde trabajos individuales, contribuir al cuidado y conservación de los ecosistemas. Cuando cada persona aporta su granito de arena, la naturaleza lo reconoce y responde", aseguró la manizaleña.
 
De forma constante, esta mujer busca visibilizar sus acciones para lograr que más personas se sumen y adquieran nuevos hábitos que permitan impulsar la transformación, protección y conservación del territorio. 
 
El periódico comunitario "Archi cápsulas" es uno de los medios que Beatriz utiliza para dar a conocer su trabajo. A través de este medio mantiene informada a la comunidad de los diferentes logros, avances, problemáticas, desarrollos, necesidades e intereses de zona del Chicó. 
 
Beatriz es la directora ejecutiva de la Asociación Archi, y allí junto a un grupo de mujeres comprometidas (Stella, Adriana, Adelina) incansablemente trabajan para buscar alternativas enmarcadas en el bienestar colectivo y el reverdecer de Bogotá.
 
Esta labor continua y comprometida de los habitantes ha permitido que el sector de El Chicó sea un territorio ejemplar que mantiene y transforma los espacios en zonas ecológicas. Sus residentes se han caracterizado por tener conciencia ambiental, compromiso y corresponsabilidad.
 
"En la zona hay menos ruido urbano y más sonido ambiental. Por ejemplo, el de los pájaros que con sus cantos armonizan los rincones del sector. Al cuidar cada árbol y planta contribuimos a mejorar el aire que respiramos y al mismo tiempo, sentimos y reconocemos la importancia de la naturaleza en Bogotá", destacó Beatriz Arango.
 
Beatriz y su organización continúan trabajando con el apoyo de las diferentes entidades ambientales para la exploración e implementación de mejores estrategias que contribuyan al cuidado de la naturaleza. El parque El Virrey y la zona de El Chicó se han convertido en un espacio de conectividad ecológica. 
 
Esta zona de Bogotá es el claro ejemplo de una ciudad verde y sostenible, donde existen espacios diseñados para la recreación activa y otros cuantos que requieren de comportamientos más pasivos para el disfrute de los ciudadanos.
 
"Apoyo totalmente la visión de la Secretaría de Ambiente en la importancia y el cuidado de la Estructura Ecológica Principal. Los ecosistemas son el hábitat de diversas especies de flora y fauna; la cual debe ser protegida y no permitir su extinción. Además, estos espacios son oxígeno para nuestra ciudad; cuando los respetamos y conservamos también ayudamos a mitigar al cambio climático", concluyó Beatriz.
 
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Si no sabe qué hacer con los CD que ya no usa, acá le contamos

Alba Sandoval líder del programa posconsumo 'RetroCD hasta el origen'.

Alba Sandoval líder del programa posconsumo 'RetroCD hasta el origen'. 

  • Los CD/DVD o discos compactos son elementos que están hechos en un 97 % de plástico (policarbonato), su descomposición puede tardar más de 1.000 años.
  • Esta iniciativa busca que los ciudadanos aprendan del programa posconsumo y protejan el medio ambiente. 
  • RetroCD hasta el origen fue creado por Alba Sandoval, directora de la Organización Ecológica Trébola.

Bogotá, junio 18 de 2020. Alba Sandoval es una gestora ambiental y cultural que ha trabajado por más de 11 años educando y sensibilizando a los habitantes de Bogotá, para dar un uso adecuado a los residuos especiales. Además, es la líder del programa posconsumo ¿RetroCD hasta el origen¿, iniciativa que busca incentivar la disposición y recolección adecuada de los discos compactos. 

Los CD/DVD o discos compactos son elementos que están hechos en un 97 % de plástico (policarbonato), su descomposición puede tardar más de 1.000 años. También están compuestos por otros materiales, que si llegan a terminar en algún ecosistema pueden llegar a ser muy tóxicos y generar inconvenientes para la biodiversidad. 

Pensando en contar con un espacio especial para el depósito de estos elementos, Alba Sandoval le dio vida a Lilo y Lola la Rockola, dos contenedores que se encuentran habitualmente en el humedal Santa María del Lago, ubicado en la localidad de Engativá, considerado como un paraíso natural entre la Avenida Boyacá y la calle 80. 

Estos contenedores son utilizados de forma similar al de una rockola, sin embargo, en lugar de depositar una moneda, se ingresa un CD para escuchar una canción. De esta manera se busca no solo divertir a las personas, sino también sensibilizarlas con el medio ambiente. Además, Lilo y Lola también reciben baterías y tapas plásticas.

Lilo y Lola la Rockola han sido exhibidos en centros comerciales, la Feria del Libro, en el Jardín Botánico y en otros lugares de la ciudad. A donde llegan llaman la atención por su decoración y repertorio musical, además, porque enseñan a la ciudadanía sobre el programa posconsumo de los discos compactos. 

El programa posconsumo RetroCD hasta el origen ha permitido, a través del reciclaje y la educación ambiental, que las comunidades conozcan y se sensibilicen frente a la importancia de un adecuado uso, disposición y cierre de ciclo de estos elementos. La estrategia busca evitar que estos residuos terminen en las fuentes hídricas o en algún ecosistema de la ciudad.

Lola la Rockola han reunido 8.112 kg de CD/DVD. El reto es completar 20 toneladas de estos elementos, para que puedan pasar a un proceso de transformación. 

Por su parte las pilas son entregadas al programa Pilas con el ambiente, del grupo Retorna y las tapas a la Fundación Sanar.

La Secretaría de Ambiente apoya esta iniciativa a través de campañas de educación ambiental por las diferentes localidades de Bogotá. 

"Gracias a la entidad, Lilo y Lola la Rockola tienen un espacio en el humedal Santa María del Lago. Miles de personas la pueden conocer, observar e interactuar con estas herramientas que buscan generar consciencia entre la comunidad", expresó Alba Sandoval.

Lilo y Lola la Rokola han sido exhibidos en centros comerciales, la Feria del Libro, en el Jardín Botánico y en otros lugares de Bogotá. 

Bogotá es una ciudad multicultural que acoge a miles de personas y por ello necesita de ciudadanos comprometidos que tomen la decisión de cuidar y contribuir al medio ambiente. Durante esta época de cuarentena la invitación es a aprender nuevos hábitos que permitan mitigar los efectos negativos, que directa o indirectamente hemos generado sobre los espacios naturales. 
 
Para esta ambientalista: "el coronavirus ha sido la respuesta de la tierra frente a la exagerada forma de vida que llevamos los seres humanos, en cuanto a las actividades y extracción que tenemos sobre ella. Por lo que ha sido una forma de descansar del gran impacto que tenemos diariamente sobre los diferentes ecosistemas". 
 
Los ciudadanos que no tengan la posibilidad de llevar los CD/DVD al humedal Santa María del Lago, pueden hacerlo a través del programa ECOLECTA de la Secretaría de Ambiente, que cuenta con 59 puntos de recolección de aparatos eléctricos y electrónicos en todas las localidades de la ciudad. 
 
Para la adecuada disposición de los CD/DVD es necesario que estos estén limpios. Las personas pueden ir recolectándolos, organizándolos en sus hogares y una vez se tengan varios, pueden ser llevados a uno de los puntos evitando así depositarlos en la basura convencional.  
 
"Me gustaría poder fortalecer el trabajo realizado en años anteriores, para que muchas más personas conocieran la iniciativa y fueran muchos más los residuos recolectados en conjunto con los demás programas posconsumo", concluyó Alba Sandoval.
 
Los residuos especiales son todos aquellos que por sus características representan un riesgo para la salud y el ambiente, por eso, deben ser seleccionados y clasificados de la mejor manera. El llamado es a reciclar desde la fuente, desde casa, adoptando este hábito podremos conservar los cerros, los páramos, las fuentes hídricas y todos los elementos naturales que componen la Estructura Ecológica Principal.
 

 

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Tina, la mujer que vela por el cuidado y conservación del humedal Tibanica

Tina Fresneda Líder ambiental de la localidad de Bosa y del Humedal Tibanica.

Bogotá, mayo 11 de 2020. El aislamiento obligatorio no ha sido un obstáculo para que una líder ambientalista, quien ha trabajado por más de 20 años, continúe cuidando de este paraíso verde, ubicado en los límites de la localidad de Bosa y el municipio de Soacha.
 
Ella es Tina Fresneda, boyacense, madre, abuela y amante de la naturaleza. "Yo soy una de las mamás del humedal Tibanica", asegura. Una madre siempre velará por el cuidado de sus hijos en cualquier circunstancia y en este tiempo de cuarentena así lo demuestra. 
 
Diariamente esta mujer dedica unas horas de su tiempo y sale al humedal. Acatando las normas de seguridad ordenadas por el Gobierno Nacional y Distrital, Tina llega a este ecosistema para verificar su estado, la seguridad y la situación de la flora y la fauna. Posteriormente, realiza el abono, riega los árboles, las plantas y se encarga de reportarle a las entidades ambientales las condiciones de este espacio natural.Tina ha trabajado por más de 20 años para este ecosistema y a través de recorridos ambientales, charlas de educación ambiental, rituales, cantos al agua, reconocimiento de flora y fauna, y celebración de fechas ambientales ha enseñado a la comunidad la importancia de estos ecosistemas, riquezas, la forma de sostenerlos y conservarlos a través del tiempo para el beneficio de la localidad y la ciudad. 
 
Esta mujer ambientalista ha logrado, a través de su trabajo y acciones constantes, que amigos, vecinos, familias, adultos, jóvenes y niños la sigan, apoyen sus ideas y quieran cada día unirse y trabajar en equipo en pro del humedal. "Todo este tiempo y el trabajo ha valido la pena, sin embargo, aún hay muchas cosas por hacer en el humedal Tibanica", expresó Tina. 
 
El humedal Tibanica, conocido también entre su comunidad como "Tinanica" en honor a esta aguerrida mujer, tiene una extensión de 28.8 hectáreas y desde 1994 ha recibido el cuidado y voluntariado de esta mujer que desinteresadamente ha venido cuidándolo y generando sentido de pertenencia entre todos los habitantes de esta zona. Desde 2007 Tina ha puesto su experiencia y conocimiento a disposición del humedal, para trabajar de la mano con la autoridad ambiental para la protección y conservación. 
 
Humedal Tibanica ubicado en la localidad de Bosa.
 

Humedal Tibanica ubicado en la localidad de Bosa.

Este humedal se encuentra ubicado en la localidad de Bosa, una zona particular de la ciudad. Es de los sectores donde menos se registran niveles de pluviosidad debido a que los vientos llegan con menos humedad. El humedal Tibanica se convierte así en un espacio de privilegio para la comunidad, ya que constituye un pulmón que debe ser protegido y apropiado por los servicios ecositémicos que le brindan a Bogotá.   
 
El coronavirus cambió la vida y los hábitos del ser humano a nivel mundial. La incertidumbre de no saber en qué momento se regresará a la ¿normalidad¿ se convierte en una oportunidad para reflexionar y seguir dándole el respiro que el planeta mismo se ha dado. Para Tina esta época favorece los espacios naturales los animales, las plantas, los árboles y todos los elementos de la Estructura Ecológica Principal.
 
"El Humedal está más limpio sin la presencia de los ciudadanos, los animales están más tranquilos, están explorando y recorriendo nuevos lugares, confiados en sus hábitats" aseguró Tina.
 
Este ecosistema es el patrimonio y el oxígeno de la localidad de Bosa, es el hábitat de muchas especies animales y vegetales. "Reconocer todos los sitios hermosos y vitales que tiene Bogotá es un buen principio, los ciudadanos deben conocer de principio a fin su ciudad, solo así se podrá valorar y cuidar las riquezas de nuestros ecosistemas, es muy complejo cuidar lo que no se conoce", concluyó Tina.
 
Con mujeres como Tina Fresneda, el humedal Tibanica siempre estará en buenas manos. Sus ideas y acciones harán que este ecosistema siga siendo valorado por sus habitantes y lograr así que se sostenga y se conserve en el tiempo.
 
 
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Reciclaje desde la fuente, una necesidad que nos compete a todos

Iniciativas ciudadanas para reciclar y mejorar el ambiente desde casa

 

Andrea habla con la comunidad en la localidad de Fontibón. Foto: Grupo Bazero.

  • Andrea Castro recorre las calles de los diferentes barrios de la localidad de Fontibón para enseñar cómo cuidar el ambiente desde casa.
Bogotá, abril 16 de 2020. Hace algunos años, en el suroccidente de Bogotá, localidad de Fontibón, la generación y mal manejo de residuos por parte de la comunidad generó problemas visibles de contaminación. El agua, suelo, aire y los malos olores ocasionaban diferentes problemáticas para los habitantes y el ambiente de este sector.
 
Es una fortuna contar con escenarios ambientales como los humedales Capellanía y Meandro del Say, y que Fontibón sea una se las localidades con mayor importancia para el equilibrio de la biodiversidad bogotana, pero estar rodeados de un panorama poco sostenible opacaba su belleza natural.
 
¿Sueño con que el reciclaje se convierta en una responsabilidad compartida y que juntos cuidemos nuestros recursos naturales¿, afirmó Andrea Castro, licenciada en Biología, que aporta su granito de arena para cambiar el rumbo de este sector. 
 
Esta mujer empoderada, decidida y creativa decidió fundar en 2015 ¿La Red Bazero¿, iniciativa que, con varios amigos, pudieron plasmar para mejorar la calidad ambiental de la localidad.
 
Sus estudios ambientales y el apoyo de un grupo de amigos expertos en la materia se convirtieron en el impulso suficiente para cambiar su entorno de forma radical. Cinco jóvenes: Andrea, Paola Triana, Cristian Sierra, Carlos Aya y Camilo Torres se cargaron de valor, confianza, compromiso y desarrollaron esta iniciativa.
 
"La pasión por el cuidado ambiental va mucho más allá del trabajo de las instituciones". Así pensaba Andrea al ver la compleja situación que se vivía en el barrio Cofradía, lugar que la vio nacer y crecer.
 
No era nada fácil. Debían tener tiempo suficiente para generar consciencia frente a las consecuencias de los malos hábitos de la comunidad. Para lograr este cambio y convertir su localidad en un referente ambiental, sostenible y amigable, estos jóvenes unieron sus conocimientos y esfuerzos para darle vía libre a este proyecto.
 
Foto del grupo Bazero Fontibón.
 

Foto: Grupo Bazero Fontibón.

El grupo Bazero empezó a tocar las puertas y llenos de constancia, disciplina y trabajo en equipo lograron llegar a muchas personas para enseñarles la forma correcta de reciclar y hacer una adecuada separación de residuos sólidos desde los hogares de la localidad.
 
"Trabajo desde el corazón. He recibido gratitud por parte de la comunidad y es un orgullo ver que gracias a esto hemos generado acciones y comportamientos en los vecinos del sector que hoy reciclan por convicción y no por obligación. Siempre guiados por la frase que nos identifica: 'juntos tratamos de salvar el mundo", aseguró Andrea con un sentimiento de esperanza.
 
Andrea fue la mediadora entre los recicladores de oficio y la comunidad. Pasado el tiempo implementaron estrategias para generar acciones sencillas, que poco a poco fueron creando hábitos, que contribuyeron al mejoramiento de la calidad de vida y cuidado del ambiente.
 
Del grupo inicial liderado por esta mujer solo quedan dos personas, que trabajan constantemente junto con 15 voluntarios que se unieron a esta causa.
 
Hoy han pasado cuatro años y Andrea, a través del grupo Bazero, ha ampliado su idea inicial: abrir las oportunidades de participación e ir buscando una mayor sostenibilidad para la localidad. Todo esto llevó a esta mujer a crear nuevos objetivos de educación ambiental. 
 
En la actualidad el grupo cuenta con tres iniciativas:
 
La primera, 'Aprendo viviendo', basada en crear sesiones pedagógicas para fomentar cultura ambiental.
 
La segunda, 'Actuar en vez de criticar', proyecto guiado a solucionar problemas de puntos críticos por acumulación de residuos, excrementos de mascotas y la separación en la fuente para entregarla a recicladores de oficio.
 
Por último, 'Gotas de aceite por litros de agua', proceso de aprendizaje que busca incentivar el manejo adecuado del aceite vegetal usado y evitar que desde nuestras casas se contaminen fuentes de agua del sector.
 
Por estos días Andrea y el grupo Bazero están cumpliendo con las restricciones impuestas por los Gobiernos Distrital y Nacional ante la emergencia sanitaria generada por el Covid-19. Esta situación no ha sido un impedimento para seguir guiando a la comunidad. A través de canales virtuales este grupo de jóvenes refuerzan a diario los comportamientos positivos que se deben hacer desde casa para transformar la calidad ambiental de la ciudad.
 

Andrea planta un árbol. Foto: Grupo Bazero Fontibón.

"Esta crisis no obliga hacer un alto en el camino y repensar nuestra relación con la naturaleza. Debemos aprender a aprovechar adecuadamente los recursos, teniendo en cuenta que somos dependientes de ella. Por esta razón, invito a la ciudadanía a reflexionar y replantear nuestras acciones diarias desde casa", puntualizó Andrea.
 
Esta mujer cada día agradece las oportunidades que ha tenido para visibilizar su trabajo por el ambiente a través de Bazero: "Me alegra que la Secretaría de Ambiente haya resaltado nuestras iniciativas. Esto ratifica que vale la pena seguir promoviendo la importancia de una cultura ambiental con la comunidad", concluyó Andrea.