En la ruralidad de Usme existe un lugar mágico donde los residuos son las mejores herramientas para educar

El depósito de la escuela rural La Argentina está construido con botellas plásticas y papeles. Imagen: Comunicaciones de la Secretaría de Ambiente.

 

Bogotá, 21 de noviembre de 2020. (@AmbienteBogota). En la ruralidad del Distrito se desarrollan iniciativas educativas que cumplen un rol fundamental en la apropiación y preservación del territorio. La Secretaría de Ambiente acompaña y reconoce la labor que hombres y mujeres realizan por medio de estos procesos y destaca sus esfuerzos por contribuir a tener un mundo mejor.
 
La Agrupación Rural OHACA, conformada por los colegios Olarte, El Hato, La Argentina, El Curubital y Arrayanes, es uno de los proyectos rurales que se destacan por su aporte al cuidado del medioambiente. Este conjunto de instituciones se encuentra ubicado a pocos kilómetros del casco urbano de la localidad de Usme, entre los 3.040 y 3.450 m. s. n. m., y se caracteriza por tener un modelo educativo único, basado en el aprovechamiento de residuos y el respeto por la naturaleza.
 
"Dentro de los proyectos pedagógicos le damos mucha preferencia a lo ambiental (…) Aquí la basura, entre comillas, para nosotros es importante", destacó Jairo Alonso Ramírez, director de la Agrupación Rural OHACA.
 
Nada se pierde y todo se reutiliza en esta zona rural de Bogotá. Los niños, con el acompañamiento de los profesores, recolectan diferentes materiales, que aparentemente ya no sirven, y los convierten en herramientas pedagógicas para su propio aprendizaje o elementos de decoración que les dan vida a sus espacios.
 
Desde la entrada hasta el patio de estas instituciones se evidencia el trabajo y la creatividad. Por ejemplo, en el colegio La Argentina, el nombre está hecho con tapas de plástico y metal; el depósito fue construido con botellas llenas de papeles; y el inmenso jardín cuenta con un sinfín de plantas puestas en frascos, canecas, juguetes dañados, electrodomésticos, jeans, botas de caucho, zapatos, llantas y hasta muñecas decoradas.
 

 
El esfuerzo de los profesores y niños no se queda en la estética. El material recolectado es utilizado para elaborar artículos que prestan diferentes servicios en la cocina, los baños y, por supuesto, los salones de clase.
 
Gracias al ingenio y el trabajo en equipo, se han construido herramientas pedagógicas de gran relevancia para el aprendizaje de los menores. En ese sentido, se destacan máquinas para armar palabras o hacer operaciones matemáticas e, incluso, elementos para instruirse en acciones básicas como amarrarse los zapatos. Todos estos artículos están fabricados con residuos.
 
"No es solamente hacer esos elementos. Estos tienen un trasfondo pedagógico muy importante. Por ejemplo, en matemáticas, miramos el espacio que cubre una botella para saber cuántas se necesitan para toda la pared de una de las aulas o un salón prefabricado. Además, los niños aprenden cómo se forma el plástico o por qué le hace daño al ambiente", explicó el director de la Agrupación Rural OHACA.
 
En el modo de calificar el avance de los alumnos, también se aplica la reutilización. Cada aula cuenta con el "Semáforo de mi salón", un tablero en el que son ubicadas, en el color verde, amarillo o rojo, unas cucharas plásticas con los nombres de los estudiantes, dependiendo de su rendimiento académico o comportamiento.
 
Desde temprana edad, los niños reciben esta pedagogía y empiezan a interiorizarla en vida diaria. En los primeros años ya son conscientes de que arrojar papeles o plásticos al suelo es perjudicial para el ambiente y la sostenibilidad de los recursos naturales.
 
Para Sara Rodríguez, madre de una de las alumnas del colegio La Argentina, es muy importante este modelo educativo, ya que los niños toman consciencia ambiental: "Mi hija entró a la escuela a los tres años y ella no permitía que yo fuera por la calle y botara una botella. Los niños aprenden que las cosas no son para desecharlas, sino que les dan otra utilidad. Ellos se motivan a reciclar y no contaminar el medioambiente", expresó.
 
Además del enfoque de reutilización, el modelo educativo de la Agrupación Rural OHACA les ofrece a los niños la posibilidad de desarrollar otras prácticas que contribuyen a la preservación de los ecosistemas, como la realización de huertas ecológicas, el cuidado de animales y la protección de los afluentes cercanos a la zona.
 
"A nosotros nos han enseñado a cuidar el medioambiente, el agua y el pasto (a no pisarlo), a reciclar botellas y proteger los animales, porque son muy hermosos y son como los hijos de Dios", dijo Laura Sanabria, estudiante del colegio El Curubital.

Reutilización y buenas prácticas ambientales en el hogar

La pandemia no ha sido una excusa para dejar de aplicar los aprendizajes ambientales en la casa. Durante este año, los niños, en compañía de sus familiares, han continuado con su proyecto de recolección y transformación de residuos en artesanías. 
 
Es importante resaltar que las familias juegan un rol fundamental en la aprehensión de los conocimientos por parte de los pequeños. Estas se vinculan a las actividades de reutilización, aplican prácticas sostenibles en la agricultura y atienden con interés las sugerencias que ellos les hacen.

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"Aquí siempre ha sido como una familia la escuela y las comunidades, porque esta nos ha vinculado mucho. Allá nos aportan ideas para que practiquemos en las casas", destacó María del Carmen Cárdenas, habitante de la vereda Los Arrayanes y abuela de una niña, quien en su huerta tiene diferentes tipos de yerbas aromáticas, frutas y hortalizas.
 
La Agrupación Rural OHACA es un modelo a seguir y una demostración de que es posible darles una segunda vida a los residuos para contribuir al cuidado y preservación de la naturaleza. 
 
La Secretaría de Ambiente reconoce la importancia que tiene esta iniciativa en la conservación del territorio e invita a la ciudadanía a replicar acciones de este tipo para que cada vez más personas aporten al cuidado de la naturaleza.