Música hecha con residuos: un instrumento transformador para Andrea de Francisco

 

Andrea de Francisco es la creadora del grupo Latin Latas. Imagen: cortesía

Andrea de Francisco es la creadora del grupo Latin Latas. Imagen: cortesía

Bogotá, septiembre 29 de 2020. (@AmbienteBogota). Donde quizás muchas personas observan montañas de basura, Andrea de Francisco ve oportunidades para hacer música, impactar positivamente a la sociedad y generar conciencia ambiental sobre la gestión de residuos.

A esta bogotana la mueven dos pasiones: la música y la protección del planeta. Desde sus cuatro años ha estado inmersa en el mundo artístico y siempre ha sido una mujer protectora de los animales, la naturaleza y la vida, en general. La unión de estas cosas la llevó a crear en 2010 Latin Latas, una propuesta rítmica cuyos instrumentos son hechos únicamente con materiales reciclados. 
 
Sin embargo, la consolidación del grupo fue solo la materialización de una idea que tenía en su mente. Todo empezó en Ciudad Bolívar, específicamente en el sector Altos de Cazucá, donde estaba vinculada a un proyecto de Derechos Humanos y les dictaba clases extracurriculares de música a los niños.
 
Después de dos años, los pequeños empezaron a pedirle instrumentos y como no había dinero para comprarlos se le ocurrió que la basura podría ser un buen insumo para fabricarlos. Entonces, recordó sus épocas de aprendizaje musical en las que conoció al grupo de percusión británico Stomp, caracterizado por utilizar el cuerpo y los objetos ordinarios en sus espectáculos, y decidió comenzar a experimentar.
 
“Esa falta de dinero para tener instrumentos conectó mis dos pasiones: la vida, porque siempre fui una niña muy conectada con los animales y la naturaleza, y la música. Entonces, dije: ‘bueno, no hay instrumentos ni hay plata, pero hay basura’”, rememora Andrea.
 
El experimento resultó ser todo un éxito. Por medio de este, los niños de la comunidad, que nunca habían tenido la oportunidad de salir del barrio, fueron a distintos centros comerciales y espacios públicos de Bogotá a mostrar su música hecha con plásticos, latas y otros residuos. Este se convirtió en un momento clave para que Andrea comenzara su recorrido por el mundo de la lutería. 
 
Aunque ella reconoce la importancia de la innovación sonora en su proyecto musical, el cual se ha consolidado como un movimiento cultural de talla internacional, está convencida de que su misión va más allá de eso. Su objetivo principal es realizar pedagogía social y sostenible.
 
“Decidí que la música sería un canal de comunicación -porque el problema que hay en el mundo es de información- y que la basura o los residuos se convertirían en una herramienta para pasar del discurso a la acción”, enfatiza la bogotana.
 
La convicción de esta mujer por promover verdaderos cambios a través de la música no solo se evidencia en los instrumentos que usa, sino en las canciones que ella misma compone y canta con el grupo. Sus letras, amenizadas por sonidos folclóricos, están dedicadas al reciclaje, el consumo responsable y el planeta.

Residuos convertidos en arte

Para Andrea todo sirve, y esa es la consigna con la que vive y bajo la cual ha creado diferentes instrumentos, junto con su equipo y los jóvenes que forman parte de Latin Latas. Su casa y el taller donde ensaya e imparte conocimientos a otras personas llevan el sello ‘zero waste’. En estos espacios es común observar objetos que además de ser originales y bonitos, están hechos con lo que generalmente se conoce como basura.
 
El instrumento insignia del grupo es el Ho’pomoponofono, un ukelele fabricado con una lata de chocolates roja en forma de corazón, cuyo nombre le hace honor a la tradición hawaiana Ho¿oponopono, dirigida a la resolución de los problemas interpersonales por medio de palabras como “lo siento”, “perdóname”, “te amo” y “gracias”.
 
“Para mí representa el poder de la paz, el poder del perdón. Siempre que hablo de este instrumento doy un mensaje”, dice Andrea, quien tiene la particularidad de ponerles un nombre auténtico a los instrumentos que diseña.
 
Inspirada en su gusto por la música electrónica, desarrolló otra de sus grandes hazañas: el Plasticordio. Se trata de un controlador hecho con cepillos de dientes empotrado en una aspiradora. Con este instrumento, la bogotana no solo busca generar conciencia ambiental, sino dejar un mensaje sobre el rol que tienen las mujeres en la sociedad y su capacidad para manejar herramientas e innovar.
 
Entre sus creaciones también se destacan el Secáfono, un micrófono hecho con un secador de cabello; el Guitarfolio, una guitarra compuesta por un portafolio y un disco duro y decorada con taches de colores de un cinturón viejo; los tambores, fabricados con PET; y la Marimbotella, un instrumento único realizado con botellas y válvulas de bicicleta.
 
Todas estas herramientas son producto de la investigación y la experimentación constantes que caracterizan a Andrea. Ahora, por ejemplo, está trabajando en el sueño de fabricar un acordeón que, según ella, es uno de los instrumentos más difíciles de hacer.

Vivencias memorables y sueños grandes

El trabajo de pedagogía realizado con Latin Latas -que hace un tiempo se transformó en una corporación-, ha llevado a Andrea a las zonas rurales más profundas de Colombia, pero también a dejar su mensaje en algunas ciudades de Francia, España y México.
 
Para ella, lo más gratificante de su proyecto es poder sensibilizar a las personas, sin brechas sociales ni fronteras, con el único propósito de generar cambios que impacten positivamente el planeta.
 
“Poder llegar a lugares donde no hay luz, trabajar con tantos líderes, lideresas, maestros y gente que realmente es muy resiliente nos da un mensaje grandísimo de fuerza, a pesar de todo lo difícil en este país”, resalta la compositora y cantante.
 
A través de la corporación que codirige con sus dos socias, Claudia Vargas y Paula Sáenz, Andrea también realiza jornadas de concientización dirigidas a diferentes públicos sobre el cuidado de la naturaleza, a partir de la adecuada gestión de residuos y, especialmente, del consumo responsable. De hecho, su filosofía de vida y enseñanza se basa en siete erres: reflexionar, rechazar, reducir, reparar, reutilizar, regresar a la tierra y reciclar. 
 
Esta mujer, que es una fiel admiradora de lideresas ambientales como Greta Thunberg, Berta Cáceres y Francia Márquez, espera seguir llegando con su música y pedagogía a más lugares para generarles oportunidades de crecimiento a los niños y jóvenes y promover cambios que beneficien el planeta.
 

 

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Beatriz Arango: 25 años de compromiso por los espacios verdes del norte de Bogotá

Beatriz Arango directora ejecutiva de la Asociación Archi.

Beatriz Arango directora ejecutiva de la Asociación Archi.

   

Bogotá, agosto 31 de 2020. (@AmbienteBogota). Beatriz Arango es de Manizales y desde muy pequeña ha tenido una fuerte relación con la naturaleza. Sus padres en la finca le enseñaron, a través de diferentes actividades, la importancia por el respeto y el cuidado que se debe tener por los animales y los ecosistemas.
 
Esta mujer es administradora de empresas y trabajó durante 10 años en diferentes multinacionales; sin embargo, su vocación ecológica le hacía un llamado continuo para aportar sus conocimientos ambientales en su comunidad.
 
Beatriz es residente del barrio El Chicó, ubicado entre el parque El Virrey, la calle 94, la paralela NQS y la carrera 15. Su interés constante por cuidar el medioambiente la llevó a trabajar por la comunidad de este territorio a través de un colectivo ambiental. 
 
La Asociación Archi tiene como objetivo vincular y concientizar a los habitantes sobre la importancia de las zonas verdes y los recursos naturales como parte vital del territorio que permiten tener una mejor calidad de vida. Asimismo, trabaja en identificar las diferentes problemáticas para el bienestar general.
 
Esta mujer lleva 25 años trabajando por el sector del Chicó. Algunas de sus estrategias con la comunidad consisten en la conservación de las zonas verdes, la recuperación de árboles y el cuidado de las especies. 
 
Esta manizaleña lidera también el programa "Botellas de Amor", estrategia con la que se busca fomentar e incentivar el reciclaje con los vecinos de la zona. La ubicación de varios contenedores de tapas de plástico y pilas cerca de los conjuntos residenciales y tiendas del sector ha facilitado esta ecológica labor. 
 
Contenedor "Botellas de Amor"
 
Contenedor "Botellas de Amor"
 
Beatriz también forma parte de la Comisión Ambiental Local. Allí, es partícipe y estratega de la protección del ambiente, el aire, y los animales; tarea que le facilita profundizar acciones de la mano con la comunidad: "Todos los seres humanos pueden, desde trabajos individuales, contribuir al cuidado y conservación de los ecosistemas. Cuando cada persona aporta su granito de arena, la naturaleza lo reconoce y responde", aseguró la manizaleña.
 
De forma constante, esta mujer busca visibilizar sus acciones para lograr que más personas se sumen y adquieran nuevos hábitos que permitan impulsar la transformación, protección y conservación del territorio. 
 
El periódico comunitario "Archi cápsulas" es uno de los medios que Beatriz utiliza para dar a conocer su trabajo. A través de este medio mantiene informada a la comunidad de los diferentes logros, avances, problemáticas, desarrollos, necesidades e intereses de zona del Chicó. 
 
Beatriz es la directora ejecutiva de la Asociación Archi, y allí junto a un grupo de mujeres comprometidas (Stella, Adriana, Adelina) incansablemente trabajan para buscar alternativas enmarcadas en el bienestar colectivo y el reverdecer de Bogotá.
 
Esta labor continua y comprometida de los habitantes ha permitido que el sector de El Chicó sea un territorio ejemplar que mantiene y transforma los espacios en zonas ecológicas. Sus residentes se han caracterizado por tener conciencia ambiental, compromiso y corresponsabilidad.
 
"En la zona hay menos ruido urbano y más sonido ambiental. Por ejemplo, el de los pájaros que con sus cantos armonizan los rincones del sector. Al cuidar cada árbol y planta contribuimos a mejorar el aire que respiramos y al mismo tiempo, sentimos y reconocemos la importancia de la naturaleza en Bogotá", destacó Beatriz Arango.
 
Beatriz y su organización continúan trabajando con el apoyo de las diferentes entidades ambientales para la exploración e implementación de mejores estrategias que contribuyan al cuidado de la naturaleza. El parque El Virrey y la zona de El Chicó se han convertido en un espacio de conectividad ecológica. 
 
Esta zona de Bogotá es el claro ejemplo de una ciudad verde y sostenible, donde existen espacios diseñados para la recreación activa y otros cuantos que requieren de comportamientos más pasivos para el disfrute de los ciudadanos.
 
"Apoyo totalmente la visión de la Secretaría de Ambiente en la importancia y el cuidado de la Estructura Ecológica Principal. Los ecosistemas son el hábitat de diversas especies de flora y fauna; la cual debe ser protegida y no permitir su extinción. Además, estos espacios son oxígeno para nuestra ciudad; cuando los respetamos y conservamos también ayudamos a mitigar al cambio climático", concluyó Beatriz.
 
 
 
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Si no sabe qué hacer con los CD que ya no usa, acá le contamos

Alba Sandoval líder del programa posconsumo ¿RetroCD hasta el origen'.

Alba Sandoval líder del programa posconsumo ‘RetroCD hasta el origen'. 

  • Los CD/DVD o discos compactos son elementos que están hechos en un 97 % de plástico (policarbonato), su descomposición puede tardar más de 1.000 años.
  • Esta iniciativa busca que los ciudadanos aprendan del programa posconsumo y protejan el medio ambiente. 
  • RetroCD hasta el origen fue creado por Alba Sandoval, directora de la Organización Ecológica Trébola.
Bogotá, junio 18 de 2020. Alba Sandoval es una gestora ambiental y cultural que ha trabajado por más de 11 años educando y sensibilizando a los habitantes de Bogotá, para dar un uso adecuado a los residuos especiales. Además, es la líder del programa posconsumo ‘RetroCD hasta el origen’, iniciativa que busca incentivar la disposición y recolección adecuada de los discos compactos. 
 
Los CD/DVD o discos compactos son elementos que están hechos en un 97 % de plástico (policarbonato), su descomposición puede tardar más de 1.000 años. También están compuestos por otros materiales, que si llegan a terminar en algún ecosistema pueden llegar a ser muy tóxicos y generar inconvenientes para la biodiversidad. 
 
Pensando en contar con un espacio especial para el depósito de estos elementos, Alba Sandoval le dio vida a Lilo y Lola la Rockola, dos contenedores que se encuentran habitualmente en el humedal Santa María del Lago, ubicado en la localidad de Engativá, considerado como un paraíso natural entre la Avenida Boyacá y la calle 80. 
 
Estos contenedores son utilizados de forma similar al de una rockola, sin embargo, en lugar de depositar una moneda, se ingresa un CD para escuchar una canción. De esta manera se busca no solo divertir a las personas, sino también sensibilizarlas con el medio ambiente. Además, Lilo y Lola también reciben baterías y tapas plásticas.
 
Lilo y Lola la Rockola han sido exhibidos en centros comerciales, la Feria del Libro, en el Jardín Botánico y en otros lugares de la ciudad. A donde llegan llaman la atención por su decoración y repertorio musical, además, porque enseñan a la ciudadanía sobre el programa posconsumo de los discos compactos. 
 
El programa posconsumo RetroCD hasta el origen ha permitido, a través del reciclaje y la educación ambiental, que las comunidades conozcan y se sensibilicen frente a la importancia de un adecuado uso, disposición y cierre de ciclo de estos elementos. La estrategia busca evitar que estos residuos terminen en las fuentes hídricas o en algún ecosistema de la ciudad.
 
Lola la Rockola han reunido 8.112 kg de CD/DVD. El reto es completar 20 toneladas de estos elementos, para que puedan pasar a un proceso de transformación. 
 
Por su parte las pilas son entregadas al programa Pilas con el ambiente, del grupo Retorna y las tapas a la Fundación Sanar.
 
La Secretaría de Ambiente apoya esta iniciativa a través de campañas de educación ambiental por las diferentes localidades de Bogotá. 
 
“Gracias a la entidad, Lilo y Lola la Rockola tienen un espacio en el humedal Santa María del Lago. Miles de personas la pueden conocer, observar e interactuar con estas herramientas que buscan generar consciencia entre la comunidad”, expresó Alba Sandoval.
 
Lilo y Lola la Rokola han sido exhibidos en centros comerciales, la Feria del Libro, en el Jardín Botánico y en otros lugares de Bogotá.
 

Lilo y Lola la Rokola han sido exhibidos en centros comerciales, la Feria del Libro, en el Jardín Botánico y en otros lugares de Bogotá. 

Bogotá es una ciudad multicultural que acoge a miles de personas y por ello necesita de ciudadanos comprometidos que tomen la decisión de cuidar y contribuir al medio ambiente. Durante esta época de cuarentena la invitación es a aprender nuevos hábitos que permitan mitigar los efectos negativos, que directa o indirectamente hemos generado sobre los espacios naturales. 
 
Para esta ambientalista: “el coronavirus ha sido la respuesta de la tierra frente a la exagerada forma de vida que llevamos los seres humanos, en cuanto a las actividades y extracción que tenemos sobre ella. Por lo que ha sido una forma de descansar del gran impacto que tenemos diariamente sobre los diferentes ecosistemas”. 
 
Los ciudadanos que no tengan la posibilidad de llevar los CD/DVD al humedal Santa María del Lago, pueden hacerlo a través del programa ECOLECTA de la Secretaría de Ambiente, que cuenta con 59 puntos de recolección de aparatos eléctricos y electrónicos en todas las localidades de la ciudad.
 
Para la adecuada disposición de los CD/DVD es necesario que estos estén limpios. Las personas pueden ir recolectándolos, organizándolos en sus hogares y una vez se tengan varios, pueden ser llevados a uno de los puntos evitando así depositarlos en la basura convencional.  
 
“Me gustaría poder fortalecer el trabajo realizado en años anteriores, para que muchas más personas conocieran la iniciativa y fueran muchos más los residuos recolectados en conjunto con los demás programas posconsumo”, concluyó Alba Sandoval.
 
Los residuos especiales son todos aquellos que por sus características representan un riesgo para la salud y el ambiente, por eso, deben ser seleccionados y clasificados de la mejor manera. El llamado es a reciclar desde la fuente, desde casa, adoptando este hábito podremos conservar los cerros, los páramos, las fuentes hídricas y todos los elementos naturales que componen la Estructura Ecológica Principal.
 

 

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Tina, la mujer que vela por el cuidado y conservación del humedal Tibanica

Tina Fresneda Líder ambiental de la localidad de Bosa y del Humedal Tibanica.

Tina Fresneda Líder ambiental de la localidad de Bosa y del Humedal Tibanica.

Bogotá, mayo 11 de 2020. El aislamiento obligatorio no ha sido un obstáculo para que una líder ambientalista, quien ha trabajado por más de 20 años, continúe cuidando de este paraíso verde, ubicado en los límites de la localidad de Bosa y el municipio de Soacha.
 
Ella es Tina Fresneda, boyacense, madre, abuela y amante de la naturaleza. “Yo soy una de las mamás del humedal Tibanica”, asegura. Una madre siempre velará por el cuidado de sus hijos en cualquier circunstancia y en este tiempo de cuarentena así lo demuestra. 
 
Diariamente esta mujer dedica unas horas de su tiempo y sale al humedal. Acatando las normas de seguridad ordenadas por el Gobierno Nacional y Distrital, Tina llega a este ecosistema para verificar su estado, la seguridad y la situación de la flora y la fauna. Posteriormente, realiza el abono, riega los árboles, las plantas y se encarga de reportarle a las entidades ambientales las condiciones de este espacio natural.
 
Tina Fresneda arregla el abono en tiempo de cuarentena.

Tina Fresneda arregla el abono en tiempo de cuarentena.

Tina ha trabajado por más de 20 años para este ecosistema y a través de recorridos ambientales, charlas de educación ambiental, rituales, cantos al agua, reconocimiento de flora y fauna, y celebración de fechas ambientales ha enseñado a la comunidad la importancia de estos ecosistemas, riquezas, la forma de sostenerlos y conservarlos a través del tiempo para el beneficio de la localidad y la ciudad. 
 
Esta mujer ambientalista ha logrado, a través de su trabajo y acciones constantes, que amigos, vecinos, familias, adultos, jóvenes y niños la sigan, apoyen sus ideas y quieran cada día unirse y trabajar en equipo en pro del humedal. “Todo este tiempo y el trabajo ha valido la pena, sin embargo, aún hay muchas cosas por hacer en el humedal Tibanica”, expresó Tina. 
 
El humedal Tibanica, conocido también entre su comunidad como “Tinanica” en honor a esta aguerrida mujer, tiene una extensión de 28.8 hectáreas y desde 1994 ha recibido el cuidado y voluntariado de esta mujer que desinteresadamente ha venido cuidándolo y generando sentido de pertenencia entre todos los habitantes de esta zona. Desde 2007 Tina ha puesto su experiencia y conocimiento a disposición del humedal, para trabajar de la mano con la autoridad ambiental para la protección y conservación. 
 
Humedal Tibanica ubicado en la localidad de Bosa.

Humedal Tibanica ubicado en la localidad de Bosa.

Este humedal se encuentra ubicado en la localidad de Bosa, una zona particular de la ciudad. Es de los sectores donde menos se registran niveles de pluviosidad debido a que los vientos llegan con menos humedad. El humedal Tibanica se convierte así en un espacio de privilegio para la comunidad, ya que constituye un pulmón que debe ser protegido y apropiado por los servicios ecositémicos que le brindan a Bogotá.   
 
El coronavirus cambió la vida y los hábitos del ser humano a nivel mundial. La incertidumbre de no saber en qué momento se regresará a la “normalidad” se convierte en una oportunidad para reflexionar y seguir dándole el respiro que el planeta mismo se ha dado. Para Tina esta época favorece los espacios naturales los animales, las plantas, los árboles y todos los elementos de la Estructura Ecológica Principal.
 
“El Humedal está más limpio sin la presencia de los ciudadanos, los animales están más tranquilos, están explorando y recorriendo nuevos lugares, confiados en sus hábitats” aseguró Tina.
 
Este ecosistema es el patrimonio y el oxígeno de la localidad de Bosa, es el hábitat de muchas especies animales y vegetales. “Reconocer todos los sitios hermosos y vitales que tiene Bogotá es un buen principio, los ciudadanos deben conocer de principio a fin su ciudad, solo así se podrá valorar y cuidar las riquezas de nuestros ecosistemas, es muy complejo cuidar lo que no se conoce”, concluyó Tina.
 
Con mujeres como Tina Fresneda, el humedal Tibanica siempre estará en buenas manos. Sus ideas y acciones harán que este ecosistema siga siendo valorado por sus habitantes y lograr así que se sostenga y se conserve en el tiempo.
 
 
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Reciclaje desde la fuente, una necesidad que nos compete a todos

Iniciativas ciudadanas para reciclar y mejorar el ambiente desde casa

  • Andrea Castro recorre las calles de los diferentes barrios de la localidad de Fontibón para enseñar cómo cuidar el ambiente desde casa.

Foto. Andrea habla con la comunidad en la localidad de Fontibón.

Andrea habla con la comunidad en la localidad de Fontibón. Foto: Grupo Bazero.

Bogotá, abril 16 de 2020. Hace algunos años, en el suroccidente de Bogotá, localidad de Fontibón, la generación y mal manejo de residuos por parte de la comunidad generó problemas visibles de contaminación. El agua, suelo, aire y los malos olores ocasionaban diferentes problemáticas para los habitantes y el ambiente de este sector.
 
Es una fortuna contar con escenarios ambientales como los humedales Capellanía y Meandro del Say, y que Fontibón sea una se las localidades con mayor importancia para el equilibrio de la biodiversidad bogotana, pero estar rodeados de un panorama poco sostenible opacaba su belleza natural.
 
“Sueño con que el reciclaje se convierta en una responsabilidad compartida y que juntos cuidemos nuestros recursos naturales”, afirmó Andrea Castro, licenciada en Biología, que aporta su granito de arena para cambiar el rumbo de este sector. 
 
Esta mujer empoderada, decidida y creativa decidió fundar en 2015 “La Red Bazero”, iniciativa que, con varios amigos, pudieron plasmar para mejorar la calidad ambiental de la localidad.
 
Sus estudios ambientales y el apoyo de un grupo de amigos expertos en la materia se convirtieron en el impulso suficiente para cambiar su entorno de forma radical. Cinco jóvenes: Andrea, Paola Triana, Cristian Sierra, Carlos Aya y Camilo Torres se cargaron de valor, confianza, compromiso y desarrollaron esta iniciativa.
 
“La pasión por el cuidado ambiental va mucho más allá del trabajo de las instituciones”. Así pensaba Andrea al ver la compleja situación que se vivía en el barrio Cofradía, lugar que la vio nacer y crecer.
 
No era nada fácil. Debían tener tiempo suficiente para generar consciencia frente a las consecuencias de los malos hábitos de la comunidad. Para lograr este cambio y convertir su localidad en un referente ambiental, sostenible y amigable, estos jóvenes unieron sus conocimientos y esfuerzos para darle vía libre a este proyecto.
 
Foto del grupo Bazero Fontibón.
 

Foto: Grupo Bazero Fontibón.

El grupo Bazero empezó a tocar las puertas y llenos de constancia, disciplina y trabajo en equipo lograron llegar a muchas personas para enseñarles la forma correcta de reciclar y hacer una adecuada separación de residuos sólidos desde los hogares de la localidad.
 
“Trabajo desde el corazón. He recibido gratitud por parte de la comunidad y es un orgullo ver que gracias a esto hemos generado acciones y comportamientos en los vecinos del sector que hoy reciclan por convicción y no por obligación. Siempre guiados por la frase que nos identifica: ‘juntos tratamos de salvar el mundo’”, aseguró Andrea con un sentimiento de esperanza.
 
Andrea fue la mediadora entre los recicladores de oficio y la comunidad. Pasado el tiempo implementaron estrategias para generar acciones sencillas, que poco a poco fueron creando hábitos, que contribuyeron al mejoramiento de la calidad de vida y cuidado del ambiente.
 
Del grupo inicial liderado por esta mujer solo quedan dos personas, que trabajan constantemente junto con 15 voluntarios que se unieron a esta causa.
 
Hoy han pasado cuatro años y Andrea, a través del grupo Bazero, ha ampliado su idea inicial: abrir las oportunidades de participación e ir buscando una mayor sostenibilidad para la localidad. Todo esto llevó a esta mujer a crear nuevos objetivos de educación ambiental. 
 
En la actualidad el grupo cuenta con tres iniciativas:
 
La primera, “Aprendo viviendo”, basada en crear sesiones pedagógicas para fomentar cultura ambiental.
 
La segunda, “Actuar en vez de criticar”, proyecto guiado a solucionar problemas de puntos críticos por acumulación de residuos, excrementos de mascotas y la separación en la fuente para entregarla a recicladores de oficio.
 
Por último, “Gotas de aceite por litros de agua”, proceso de aprendizaje que busca incentivar el manejo adecuado del aceite vegetal usado y evitar que desde nuestras casas se contaminen fuentes de agua del sector.
 
Por estos días Andrea y el grupo Bazero están cumpliendo con las restricciones impuestas por los Gobiernos Distrital y Nacional ante la emergencia sanitaria generada por el Covid-19. Esta situación no ha sido un impedimento para seguir guiando a la comunidad. A través de canales virtuales este grupo de jóvenes refuerzan a diario los comportamientos positivos que se deben hacer desde casa para transformar la calidad ambiental de la ciudad.
 
Imagen de Andrea Castro planta un árbol.

Andrea planta un árbol. Foto: Grupo Bazero Fontibón.

Esta crisis no obliga hacer un alto en el camino y repensar nuestra relación con la naturaleza. Debemos aprender a aprovechar adecuadamente los recursos, teniendo en cuenta que somos dependientes de ella. Por esta razón, invito a la ciudadanía a reflexionar y replantear nuestras acciones diarias desde casa” puntualizó Andrea.
 
Esta mujer cada día agradece las oportunidades que ha tenido para visibilizar su trabajo por el ambiente a través de Bazero: “Me alegra que la Secretaría de Ambiente haya resaltado nuestras iniciativas. Esto ratifica que vale la pena seguir promoviendo la importancia de una cultura ambiental con la comunidad”, concluyó Andrea.